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Campeones Mundiales
Por Francisco Rodríguez Arancibia, Profesor.
10/03/2010 00:00
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| Foto: Andes Online |
El reciente sismo y maremoto que devastó varias regiones de nuestro país dejando muerte, destrucción, damnificados, heridos, desaparecidos, temor e impotencia, conmovió a chilenos y al mundo entero, despertando una serie de iniciativas de ayuda que han permitido sobrellevar la situación y que otorgan expectativas ciertas de reconstrucción y de una sacrificada vuelta “a la normalidad”.
Sin duda, el esfuerzo anónimo y voluntario de muchos, como los bomberos, cruz roja y miembros de distintas organizaciones; el despliegue de carabineros y las fuerzas armadas en su más esencial servicio; el aporte de los medios de comunicación, que han dado voz e imagen al sufrimiento; el empuje y dignidad de muchos afectados que no se han dado por vencidos y la conciencia de millones de personas que han querido ayudar, sumado a los aportes económicos de empresas, han llevado a organizar una serie de campañas que se han propuesto (y han logrado, en la práctica), aliviar en parte el dolor de muchos de los afectados.
Sumándome al sentimiento de las víctimas y sus familias y reconociendo cabalmente el esfuerzo realizado, especialmente por tanta gente que anónima y desinteresadamente ha colaborado para paliar esta dramática situación, con mucho respeto me permito compartir algunas impresiones que me inquietan:
En primer lugar, señalar que creo que no podemos continuar con un nivel tan precario de organización ante este tipo de fenómenos que, no porque no ocurran a diario, debemos ignorar. ¿Dónde quedó, antes que cesaran los primeros movimientos telúricos, nuestro sistema telefónico y de comunicaciones? ¿Cómo es posible que, con toda la imagen de vanguardia y desarrollo que se pretende mostrar, no haya habido operativo un sistema tecnológico eficaz para siquiera saber lo que estaba ocurriendo a pocos kilómetros de distancia? .
La telefonía celular mostró sus falencias, por más que se responsabilice a la falta de energía eléctrica; los pocos teléfonos satelitales con que el país contaba no funcionan embalados; las oficinas de emergencia no pueden operar con un mínimo de personal y sólo en algunas “ciudades importantes”.
¿Dónde está nuestra formación ciudadana para enfrentar catástrofes?.
En un país en que no se toman en serio los simulacros y medidas de seguridad; en localidades en que las mismas autoridades organizan “fiestas” con el agua que a otros o a nosotros mismos nos faltará en algún momento; con profesionales que no son capaces de expresarse adecuadamente o con niveles de comprensión lectora deficientes, ¿cómo es posible que un aviso de alarma se envíe por fax y que digan que dice lo que no dice?... otra tarea pendiente no sólo para las escuelas.
¿Una situación como esta no es de “seguridad nacional”? Yo no soy experto en el tema, pero imagino que si ése es el rol de las fuerzas armadas, la seguridad no puede entenderse sólo como una amenaza de guerra o con sacar tropas con fusiles para cuidar los bienes (privados).
El entrenamiento y la preparación en condiciones difíciles imagino que puede emplearse en rescatar heridos y víctimas en situaciones como la padecida. Aunque en esto hay involucrados criterios (y suspicacias) políticas, me parece que éste es otro punto en que estamos al debe en nuestra organización ciudadana.
¿Dónde quedaron los estándares de calidad, las inspecciones técnicas de obras, la dosificación correcta de materiales adecuados en las construcciones destruidas? En este punto en que puede haber responsabilidades criminales que perseguir, les aseguro que pocos dudarán de la “vocación” de ingenieros, arquitectos, calculistas, autoridades municipales y ministeriales y respetables empresarios de la construcción.
¡Qué alegría que se haya duplicado “la meta” propuesta en la campaña televisiva nacional, con cifras que ni siquiera algunos sabían leer! Pero esto me hace pensar… si hay empresas que son capaces de donar millones, con todas sus plantas gerenciales en pantalla –sin que se los apure como a los trabajadores de los sindicatos de esas mismas empresas- ¿por qué nuestros bomberos tienen que andar pidiendo limosna con sus alcancías por las calles? Si hay tantos empresarios “que no pueden estar ausentes de estas nobles cruzadas”, ¿es legítimo que acaparen su riqueza sin preocupaciones cuando no hay terremotos o teletones? (Y no creo que hayan dejado de ser millonarios con sus abultadas donaciones).
Entiendo que muchos quieran ayudar y que el dolor despierta hasta los dormidos espíritus de colaboración de muchos, pero… ¿no puede haber ayuda sin espectáculo? ¿Es el mercado y la publicidad los que determinan quiénes merecen nuestra ayuda? ¿Por qué las colectas callejeras de las instituciones, por ejemplo, de damas de diferentes colores no tienen un mínimo por ciento de la efectividad de estas megacampañas? En definitiva, creo que unos segundos en televisión compensan muchos esfuerzos económicos y son, en definitiva, una poderosa estrategia de “marketing”.
Espero que no se malentienda: NO estoy en contra de estas iniciativas, respeto a todos los que participan con su mayor voluntad (intuyo que son los que menos pantalla tienen), adhiero y me alegro con los resultados, sé que van a llevar alivio a gente que sufre mucho. Pero, con esta misma franqueza, me permito señalar que estos grandes espectáculos sirven para esconder lo que no queremos ver, enseñar o reconocer, entre otros, nuestras falencias y debilidades organizacionales, las brutales desigualdades y la precariedad de nuestros sistemas de seguridad.
De igual modo, no creo que los chilenos seamos los campeones mundiales de la solidaridad: lo seremos cuando no sea necesario que haya un solo sufrimiento o un solo muerto para que nos preocupemos o hagamos una donación.
©Andes Online, 2000-2006 |
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