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Más reflexiones temblorosas
Por Juan Carvacho Fajardo, Abogado.
10/03/2010 00:00
Andes Online
Más reflexiones temblorosas
 Foto: Andes Online
Copiaré a continuación el siguiente párrafo de un libro chileno recién publicado en nuestro país que se llama “Fragmentos para una Historia del Cuerpo en Chile”: “ Entre los más renombrados (los terremotos) se encuentra el “magno” de 1647, “de un estruendo, fuerza y movimiento”, que todos los edificios “privados, sin excepción de uno solo, quedaron hechos escombros y por consiguiente completamente inhabitables; igual suerte corrieron los edificios públicos, los más sólidos como los frágiles, los más antiguos como los de reciente creación” .

Tras esta catástrofe continuó temblando por veintitrés días y la gente salía a la plaza y calles, rezaban de rodillas, “confesándose a voces”, y como el sismo ocurrió ya de noche, muchos “estaban en cuerpo” o semidesnudos. Los cadáveres se contaron por miles, falleció entre el 15% y 25% de los habitantes. Otros terremotos de magnitud fueron los de 1722, 1730 y 1783, con mortandades menores, pero igualmente impactantes.

En cada ocasión hubo destrozos similares. En el de 1730 se sintieron tres sismos grandes en espacio de doce horas. Las acequias se rompían, casi todas las iglesias cayeron, incluyendo la catedral, obligando a celebrar misas en “míseras chozas” y a levantar “ranchos pajizos… en las huertas y patios, en las calles, plazas y ribera del río”.

Lo transcrito pone de manifiesto lo que todos sabemos: que Chile fue, es y será un país de terremotos; sin necesidad de ser adivinos o pitonisos cualquier persona puede asegurar que en los próximos 20 años va a ocurrir un terremoto en algún lugar de nuestro país, es decir lo que ocurrió la madrugada del sábado 27 de febrero de alguna manera era absolutamente previsible.

Conviene entonces tratar de ver cómo nos hemos organizado como sociedad para hacer frente a estos magnos eventos de la naturaleza que, repito, son absolutamente previsibles, son como la muerte misma, tenemos la absoluta certeza que van a ocurrir, solo que no se sabe cuándo.

Conviene ciertamente analizar cómo se comporta nuestro modelo capitalista neo liberal para solucionar esta previsible catástrofe.

Sabido es que el sistema económico liberal que vivimos privilegia por sobre todas las cosas la iniciativa y la libertad individual de las personas, considera que el Estado es un mal administrador y que por lo tanto no debe tener empresas y si las tiene como Codelco, deben incorporársele cuanto antes capitales privados para que esas empresas sean bien administradas por empresarios, que son los únicos que garantizan una buena administración.

Es decir entonces que en este sistema económico el gran motor de la producción de bienes y servicios son los particulares, los empresarios.

Sin embargo, no obstante que el Estado tiene un papel secundario en la actividad económica, es éste el que primero debe acudir a enfrentar la tragedia, no son los empresarios los responsables de enfrentarla, quienes por lógica deberían serlo ya que son los dueños de la riqueza de nuestro país; por algo somos el país líder en el mundo en desigualdad en la distribución de la riqueza, es decir un gran porcentaje de lo que produce este país queda en algunas pocas manos empresariales y el resto chorrea a la llamada clase media y si aún sigue chorreando va a la mayoría, asalariados y cesantes.

Ciertamente que el Estado no estaba preparado para la catástrofe, no obstante repito la previsibilidad de la misma. Todos pudimos ver las desarticuladas imágenes de la televisión, cuya actuación en la catástrofe da para varias reflexiones, cómo en las primeras horas no pasaba absolutamente nada, ningún desarrollo de algún plan que demostrara que las autoridades estaban preparadas de antemano, nada, solo veíamos las viviendas despanzurradas; como siempre los periodistas llegaron antes que las autoridades.

Luego las contradicciones, que la Armada no avisó del tsunami, que sí avisó pero en forma poco clara , que la Onemi es la vocera, no, mejor el Ministerio del Interior, etc. etc. etc.

De esa desorganización al saqueo hay un solo paso, no es lumpen nuestro pueblo, no son delincuentes, estaban asustados y desesperados y si a eso le sumamos la mala educación, la desigualdad enorme e inmoral en los ingresos, entonces qué querían ¿que se respetaran los supermercados y que en vez se fueran a rezar a las parroquias destruídas a clamar para que llegaran pronto el pan, el techo y el abrigo que de un zarpazo se los había arrebatado la naturaleza?.

La culpa no es del chancho sino del que le da el afrecho. La culpa no es de nuestro pueblo sino de nuestra sociedad, en su conjunto mal organizada e incapaz en pleno año 2010 de tener una adecuada organización para enfrentar estas absolutamente previsibles catástrofes. Sabemos que dentro de los próximos 20 años va a haber otros terremoto y también sabemos que nuestras autoridades nada harán para prevenirlo.

Un solo ejemplo: Nuestras fuerzas armadas en vez de gastar los abundantísimos recursos que el Estado les provee, el 10% de lo que el país, no los empresarios, gana con el cobre, en F 16, Tanques Leopard, y un largo etcétera, apuntando todos estos gastos a un enemigo imaginario ya que nuestras fronteras están absolutamente pacíficas, tal vez debieran tener fabricas de hospitales de campaña, 10.000 teléfonos satelitales, para así prescindir de los 25 que nos donó USA a través de la Sra. Clinton, abundante maquinaria pesada, cientos de helicópteros que cubran el país en minutos transportando médicos, alimentos, lo que sea urgentemente necesario en cada caso y un largo etcétera que cada lector puede llenar.

Interesante resulta también ver no sólo como ha reaccionado Estado sino que también el empresariado en esta tragedia.

El gran esfuerzo que han hecho los empresarios, o al menos el más mediático, parece ser la infaltable teletón, con su mezcla de farándula, cumbias, lágrimas y exageradamente publicitadas donaciones de los dueños de las empresas. Primero veamos el resultado del aporte privado: 60 millones de dólares. ¿Qué es este aporte cuando empresas especializadas de USA han calculado que los daños provocados por el sismo son entre 15.000 y 30.000 millones de dólares? Sin duda que esos 60 millones son como una gota de agua en el desierto y la teletón no es una solución. Mejor no hablar de la rebajas tributarias que la ley permite hacer a las empresas cuando hacen donaciones, tampoco hablar de los 30.000 millones que quedan depositados en los bancos sin que nadie sepa si estos pagan y cuánto de interés por ese dinero; mejor no hablar.

Los privados, que son los dueños de la riqueza de este país, debieran estar obligados a aportar tanto o más que el Estado de esos 15.000 o 30.000 millones que es lo que urgentemente necesitamos sólo para ser lo que éramos.

Por ejemplo, el Estado debiera dictar leyes que dijeran que en caso de declarase una zona de catástrofe, todas las personas que hayan obtenido utilidades de más de X millones de pesos deben obligadamente pagar al Estado un impuesto extra de X % de dichas utilidades que se gastarán exclusivamente para reparar los daños del desastre. La teletón na’ que ver.

No queremos ver un Sur de mediaguas o de 20.000 “soluciones habitacionales”. Queremos ver casas sólidas, cómodas, dignas para nuestro pueblo y por sobre todos necesitamos un redireccionamiento de nuestro sistema económico que no apunte sólo al lucro del empresario, sino que también a los nuevos terremotos que ya están asomando en el horizonte.



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