A través de la prensa nos enteramos de la renuncia de doña Carla Ochoa Peñailillo (“Carlita” para algunos, aunque ya está bastante crecidita…) a su cargo de concejala por la comuna de Peñalolén.
Recordemos que doña Carla se hizo popularmente conocida debido a su relación con el hermano menor del actual Presidente, el farandulero “Rey de la Noche” conocido como Miguel “El Negro” Piñera, de modo que por ese lado algún acercamiento previo tenía con la política (¡?)…. Tambien ha tenido participación en el mundo de la “farandula nacional” como modelo, panelista, etc…
Desconozco cuáles fueron las motivaciones que culminaron en su nominación como candidata a Concejala por Peñalolén, ni cuáles eran sus expectativas al aceptar tal nominación, pero lo concreto es que llevó adelante su campaña y resultó electa con 2.531 votos, lo cual tiene su mérito y no debemos obviarlo.
Por otra parte, reconozco que cada persona tiene pleno derecho a renunciar a cualquier cargo cuando siente que esa es la mejor opción para sus intencionalidades, pero también creo que cuando se asumen compromisos de esta envergadura, ellos deben ser fruto de una concienzuda evaluación y meditación acerca de las consecuencias y responsabilidades asociadas. Una decisión de este tipo involucra a mucha gente, sin contar a quienes votan y de esa manera depositan su confianza y esperanzas en los candidatos, sino que también a familia, amigos, comandos, partidos, sectores políticos, etc…. Es por esto que, reconociendo el pleno derecho de Carla Ochoa a renunciar, me parece una muestra de liviandad y falta de criterio, por cuanto ha decepcionado a todos quienes confiaron en ella, y me parece particularmente poco feliz el que al momento de renunciar declara: “Tengo cero empatía y nulo interés por la política”…
Pero esta nota no pretende “crucificar” a Carla Ochoa, sólo quiero exponer la situación para ilustrar lo que me parece más importante, y esto es el hecho de que la UDI, el partido que patrocinó su candidatura, y muy especialmente las personas que respaldaron su nominación, deben tomar nota y asumir su cuota de responsabilidad.
Todo esto demuestra, una vez más, que cuando lo que prima es un afán electoralista y populista, se anteponen ideas que traicionan los principios, valores e ideario partidario, el resultado no es bueno y muchas veces se les dá tribuna a personas que finalmente terminan dañándo al partido y al sector (de eso, los ejemplos abundan).
Estamos “ad-portas” de un período de primarias y luego tendremos elecciones, y creo que es tremendamente importante que la Unión Demócrata Independiente mantenga y fortalezca sus principios, ideas y valores, escogiendo para representarla a personas que los compartan y fomenten, lo que a mi juicio es lo que nuestro fundador Jaime Guzmán esperaría de nosotros. Como quién dice, es mejor, siempre, ser consecuentes y si hay que morir, hay que hacerlo “con las botas puestas”.
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