Durante la administración del alcalde Miguel Cacciuttolo se efectuó un hermoseamiento del principal paseo público de la ciudad dotándolo de esta emblemática obra
La plaza de Los Andes siempre ha sido considerada no solo como el punto de encuentro de los vecinos, sino también uno de los espacios públicos más bellos de Chile.
Su arquitectura en tres niveles sea que la plaza de armas de Los Andes tenga una característica única y si bien hoy día su arborización es precaria, antaño fue un lugar repleto de árboles que permitían a los andinos capear el sol y las altas temperaturas.
En diferentes períodos, particularmente durante todo el siglo XX y los primeros años del siglo XXI, el principal paseo público ha sido sometido a mejoras de toda índole, construcción de monumentos y áreas de servicios.
Una de las intervenciones más importantes fue ejecutada entre los año 1944-1947 bajo la administración del alcalde Miguel Cacciuttolo Gallardo.
Ya en su primer período edilicio, entre 1940 y 1941, se trabajó la remodelación de la pila central de la plaza armas, obra a la cual nos referiremos en detalle en otra nota.
Fue durante su segunda administración que el alcalde Cacciuttolo impulsó decididamente un mejoramiento de la plaza y fue así que en 1944 se levantó el monumento mástil que se ubica en calle Esmeralda y que por décadas fue el lugar oficial donde se realizaban los desfiles.
En ese mismo período se construyó el odeón de la plaza destinado a albergar las retretas dominicales de la banda del Regimiento Guardia Vieja, tradición que se mantuvo por años y que era el deleite de todos los ciudadanos.
En la foto del “Ayer” podemos observar el Odeón cinco años después de su construcción, conservando su arquitectura original.
A diferencia de como hoy lo conocemos, el odeón tenía un solo acceso a través de una escalera por el ala poniente y no había baños.
La imagen también nos muestra parte de los faroles de cemento con pantallas en forma de globo que predominaban en este paseo público y al fondo el hermoso edificio del “Cable Weast Coast” y el telégrafo que fue destruido por un dantesco incendio en la década del 70, tras lo cual se construyó el poco atractivo edificio del banco BCI.
La facha del hotel plaza sigue casi igual y el acceso de la galería comercial se mantiene intacto, salvo por el cartel del restorán “Mi Reina” que fue un ícono de la gastronomía local.
La foto del ayer nos da cuenta de una ciudad tranquila y apacible, pueblerina si quiere, donde la plaza era el centro social de la incipiente urbe y sus autoridades comunales evidenciaban gran preocupación por ella.
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