Consideraría usted que está bien que, en un grupo de 10 personas, se reúnan sólo 3 o 4 para elegir al líder que decidirá lo que deben o no hacer la totalidad de las personas del grupo ? o en qué se gastarán las platas que han juntado entre todos ?
Seguramente la respuesta será negativa, pues uno esperaría que estas decisiones consideren los planteamientos e ideas de todos (o al menos de la mayoría), es decir de todos los que verán afectados, pues de esta manera las decisiones gozan de la representatividad necesaria para validar su legitimidad.
En nuestro sistema político actual, este principio, que parece tan obvio y lógico, está seriamente amenazado, entre otras causas, por la decisión (conciente o no) de auto-marginarse de participar en él, de un gran número de chilenos, jóvenes en su inmensa mayoría, que dicen no sentirse representados y que, por lo tanto, paradójicamente, se auto-marginan.
Existe en ello un peligro latente, “los que votan” son cada día una proporción menor del país y, por tanto, las autoridades son elegidas con cada día menor representatividad.
Si esta situación la llevamos al extremo, podría darse que, por ejemplo, el parlamento sea electo sólo por el 30% de los chilenos, un nivel de representatividad que en situaciones complicadas puede tornarse en un riesgo para la gobernabilidad y, por tanto, la estabilidad del país.
Es fácil ver, entonces, lo importante que es el que todos los chilenos hagamos esfuerzos serios por mejorar este nivel de representatividad, fundamentalmente, integrando a quienes se han, hasta ahora, auto-marginado del sistema.
¿Cómo lograr esto ? Podrán inventarse y/o evaluarse muchísimas fórmulas, pero creo que “Inscripción automática + Voto obligatorio” es la más simple y cuerda de las opciones, más aún si pensamos que las regulación de nuestra convivencia es una responsabilidad de todos y que por lo tanto tenemos la obligación de participar en estas decisiones. Es un derecho al que “no tenemos derecho” a renunciar.
Quienes se auto-marginan, no sólo son irresponsables en su actuar, sino también cobardes, así con todas sus letras, pues han dejado a otros asumir las decisiones y luego han asumido la cómoda postura de criticar y protestar, pero en su momento desecharon la posibilidad de proponer.
Desde esta tribuna, hago un modesto llamado a todos quienes, por una u otra razón (o sin ella) se han marginado del sistema electoral, a reflexionar al respecto y a asumir un rol ciudadano activo, valiente y responsable, ayudando con ello a construir el Chile que queremos para que vivan nuestros hijos y nietos.
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