Lunes, 15 de Agosto de 2022  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… “Muñequitas rotas “…

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero

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Lentamente caen los últimos rayos de sol en la esquina de las calles Roma y la Florida, comuna de San Esteban, mas una luz tenue ilumina el local colonial “Tienda Diagonal”, que emula una sala de exposición, similar a esos sitios italianos o franceses que nos suelen mostrar arte por todos los rincones. No podría ser de otra manera, pues Valentina Rosende posee esa impronta de la antigua Europa, heredada de su familia andina tradicional y ese desacato de los años mozos que le permite sorprendernos con su moda y pinturas.

Los trazos de artista los demuestra en todo momento, como cuando relajadamente retoca los ojos de un gallito abedul, el cual aún podemos reconocer en los campos andinos. Dice que ama pintar las gallinas y que son sus aves preferidas. Chile es un país donde las aves no son muy coloridas y las gallinas con sus dos pigmentos base (rojo y negro), mediante sus cruzas han sido capaces de diluir, restringir o potenciar, las maravillas de colores que nos presentan.

Creció en un hermoso entorno, esos parques antiguos diseñados con esmero en el siglo XIX, una casona de gruesos muros y muebles europeos. También supo de los trabajos del campo a través de su padre Julio Rosende, quien le relataba como hacía funcionar los hornos de tabaco, que aún se muestran en el potrero que da a calle Roma. Sus genes arrastran la información rural que muchas veces inexplicablente le brota en sus obras, por más esfuerzo que imprima en su moderna mirada.

Si examinamos sus pinturas, podemos reconocer las viejas costumbres. Sus fotos nos muestran la simpleza de lo cotidiano, que pocos se detienen a contemplar y si analizamos su obra de colecciones y modas las respalda en leyendas del pasado. No por eso deja de ser una artista original, si vamos a la definición del célebre arquitecto modernista Antoni Gaudí, cuando define el concepto diciendo “es volver al origen, a la simplicidad de las primeras soluciones”. Regresar a la naturaleza hace que Valentina definitivamente, nos muestre esa originalidad, que nos enorgullece como andinos.

“Muñequitas rotas”, es una colección de moda, donde Valentina se inspira en el feminismo latinoamericano. Hace referencia a ideas que surgen desde las construcciones teóricas de autoras latinas como Rita Segato (inspiradora de “Las Tesis”) y su obra “La guerra contra las mujeres, demonización de la ideología de género”. Su propuesta de vestuario utiliza códigos visuales que fusionan la técnica de serigrafía simbólica con alto contenido alusivo a la identidad de género y aplicaciones sobreexpuestas, como rostros de muñecas violentadas. Estas muñecas rotas rompen el esquema naturalizado del patriarcado.

Otra de sus icónicas series, denominada “Vibras”, se basó en el simbolismo divino de los animales en las culturas precolombinas. Para los mayas, el colibrí es un mensajero por voluntad de los dioses. Su calidad etérea, y casi divina, quedó destilada en una hermosa leyenda, donde queda plasmado que la naturaleza y lo divino son elementos indisociables. Una colección que nos lleva a los primeros pueblos americanos, con tintes de los indios Hopi, pueblo nativo americano vivo más antiguo del continente.

Valentina es esa joven que cuida sus dones, que le llenan su vida y no se inquieta por el hasta dónde llegar. Su disciplina y rigurosidad del día a día le cubre sus tiempos, la complicidad con su mellizo la hace caminar segura y de la mano. Sus perros, gatos y gallinas la conectan con la tierra, con la que nutre su arte. Quizás no le queda mucho tiempo en Los Andes, antes de migrar a los salones americanos o europeos, mas lo que sea, los invito a conocerla y admirarla.

Los bocetos bajan a su mente tan rápido como el agitar de las alas del colibrí, cómo si los dioses la hubieran elegido por su delicadeza, para ser mensajera del arte y buenas nuevas. El taller ha parado sus máquinas, las etiquetas han sido disimuladas en los bolsillos, tesoritos que cuales polizontes viajan, por la ruta de la moda, desde los pies de montes de San Esteban al mundo …

La Hacienda San Pablo del 1800, tardó en encontrar la artista, la casona anclada sobre ruedas de piedra de molino, talladas por sambos e indígenas hicieron también lo suyo. La imagen de su abuela Nora Ávila, detrás de la máquina de coser sin duda anduvo en sus genes. Sus padres Georgina Godoy y Julio Rosende, inmersos en el campo la encaminaron en la naturaleza, esa misma que recorre sagradamente a diario en bicicleta y sólo se detiene para apreciar nuestras endémicas aves y transcribirlas en sus obras.

Su arte puede agigantar un gallito de la pasión, su elegancia traspasa en las telas y su mirada recoge las estribaciones de todo el Aconcagua.

 

 

 

 

 

 


 
 
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