SAN ESTEBAN (19/08/2026).- La detección de 803 sismos de bajísima magnitud (1-2 Mw) y baja profundidad (2-6 km) en un área de 100 kilómetros cuadrados en las inmediaciones de la falla Cariño Botado, captados entre fines de 2023 e inicios de 2024, han revelado una “deformación continua e imperceptible” de la Cordillera de los Andes.
El hallazgo es resultado de la continuación del trabajo geocientífico que desarrollan investigadores de la Universidad de Chile en la zona, que la casa de estudios superiores ha difundido a través de su sitio web geología.uchile.cl y que también ha sido publicado en la revista Geology de The Geological Society of America.
En el artículo se indica que esta detección es importante por dos motivos: el primero, que confirma que el frente andino de la Región de Valparaíso se deforma en el presente, lo que descarta la idea de una precordillera inactiva; y el segundo, que aporta nuevos antecedentes para comprender la dinámica de subducción de la placa de Nazca, estructura que, en última instancia, condiciona el proceso de contracción y alzamiento de la Cordillera de los Andes.
Los investigadores son enfáticos al afirmar que, debido a su baja magnitud, estos microsismos no implican un riesgo sísmico para la población.
El proyecto fue liderado por la académica Luisa Pinto, del Departamento de Geología (DGL) y contó con la colaboración de científicos del Departamento de Geofísica (DGF), quienes combinaron una serie de técnicas para obtener estos hallazgos, como son perfiles de gravedad, magnetotelúrica, registro sísmico y machine learning.
Por su parte, Andrei Maksymowicz, coautor del estudio y académico del Departamento de Geofísica, señaló que “integramos todas las técnicas de procesamiento de señales que tenemos a disposición, incluida la inteligencia artificial, para captar estos sismos. Sin estas técnicas, no habríamos podido analizarlas”.
Sismicidad elusiva
Agrega la publicación de la Universidad de Chile que, históricamente, las redes sísmicas en nuestro país están diseñadas para detectar sismos de subducción, aquellos que presentan una mayor amenaza. Pero esto ha relegado a un segundo plano la microsismicidad superficial de Chile central (0-10 km), la cual es importante desde el punto de vista científico.
Sobre el particular, el profesor Maksymowicz hizo presente que las inmediaciones del paralelo 33°S “han sido estudiadas por sismólogos durante décadas, pero la actividad sísmica superficial ha permanecido como una incógnita debido a la escasez de redes abocadas al estudio de los sismos de la corteza superior”, acotando que los primeros trabajos en la zona se remontan a aquellos desarrollados por el Profesor Emérito Luis Aguirre-Le Bert.
Para detectar esta sismicidad elusiva, el equipo del Departamento de Geofísica implementó una densa red de sensores, además de herramientas de inteligencia artificial que identificaron, localizaron y calcularon las magnitudes de estos eventos.
“Esto requiere semanas o meses de trabajo, pero gracias a técnicas desarrolladas en el DGF y Programa de Riesgo Sísmico, el proceso se realiza hoy de manera automática y en pocos días”, comenta Bertrand Potin, investigador del departamento, especialista en machine learning y coautor de este trabajo.
De igual manera, se resalta que estos microsismos también entregan información sobre los procesos geodinámicos de este lado del mundo, es decir, de las fuerzas y los procesos naturales que transforman y modelan la estructura de la tierra.
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