LosAndesOnLine
 
 
 
 
  Viernes, 25 de Septiembre de 2026  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… Santiguador y componedor de huesos, la huella de Artemio Arias

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero

  • Tuitea
  • Comparte
  • Imprimir

 
Más Noticias
     
  Ocho cortometrajes se estrenarán este viernes en el Centro Cultural de Los Andes
  Más de 70 mil personas disfrutaron de la Fiesta del Guatón Loyola
  Huemul, cóndor y una frase que llegó después: qué significan realmente los elementos del escudo chileno
  Costumbrismo Rural… Los Cuchilleros...
  Liceo Mixto Bicentenario de Excelencia Los Andes vivió una gran Gala Folclórica con cerca de 800 estudiantes en escena
  Parrilla equilibrada en Fiestas Patrias: cómo disfrutar el asado sin caer en excesos
 
 

Hay casas que se derrumban lentamente, pero aún no mueren. Eso percibí junto a Eloísa, cuando recorrimos la antigua vivienda de los Arias Anjarí, en Cariño Botado.

A primera vista parece vencida por los años, con sus muros gastados y vigas expuestas al viento, pero aún habla. Herraduras cuidadosamente ubicadas en las paredes, jardineras improvisadas donde sobreviven rizomas de antiguas frutillas blancas, gallinas de comportamiento casi salvaje que duermen y cacarean en lo alto de viejos paltos, y tolas de parra que parecen reafirmar antiguos usos campesinos. Allí comprendí que no estaba frente a una casa en ruinas, sino frente a una memoria.

Y está Eloísa. Camina por esos lugares reconociendo rincones, recordando nombres y reconstruyendo escenas. La emoción se le trasunta en la mirada, porque no solamente está contando la historia de su familia: está intentando rescatarla. Allí vivieron Artemio Arias y doña Claudina; allí llegaron lugareños y también veraneantes de las termas El Corazón buscando alivio. Cada objeto parece abrir una puerta hacia atrás, hacia un mundo donde la fe, las hierbas, las manos y los antiguos saberes campesinos formaban parte de la vida cotidiana.

Artemio había nacido en Coquimbito y crecido en El Higueral, sector cercano a Cariño Botado. Ya joven trabajaba como tractorista en La Falda, una de las secciones del gran fundo San Regis, antigua hacienda vinculada a los extensos territorios de Mateo de Toro y Zambrano, cuyos orígenes se remontaban a los tiempos de las encomiendas. La Falda perteneció a don Faustino Llanos Pereda hasta que, a fines de los años sesenta, la Reforma Agraria transformó aquella antigua estructura de la propiedad. Artemio conoció ese mundo desde el asiento de un Massey 65, entre cultivos, caminos y jornadas de trabajo que hoy pertenecen a otra época.

Más tarde se casó con Claudina y pasó a vivir en los terrenos de ella en Cariño Botado. Allí, un accidente en una de sus manos, que le significó la pérdida de una falange, despertó en Artemio una particular inquietud por los huesos. Comenzó a estudiarlos de manera autodidacta y, mientras aún trabajaba, componía de forma esporádica. Al terminar su vida laboral se dedicó de lleno a aquello que había aprendido entre la observación, la experiencia y el estudio. Artemio componía huesos y rezaba para santiguar. Fue siempre un hombre católico, de misa dominical, y su fe formaba parte inseparable de aquella manera de ayudar a los demás.

Por razones que Eloísa desconoce, Artemio no recibió una parcela de la Cora. Así, terminada su vida laboral, aquel oficio aprendido casi silenciosamente ocupó sus días. Y en la misma casa existía otro saber: doña Claudina era experta en yerbas. Había trabajado durante muchos años en las termas El Corazón, donde llegó a ser de confianza, y conocía los usos de distintas plantas y preparaciones. Entre ambos fueron construyendo, sin proponérselo, una pequeña casa de la medicina campesina: él con sus manos y sus rezos; ella con sus yerbas.

Hasta allí llegaban los lugareños, pero también algunos veraneantes de las termas. Eloísa recuerda que para quebrar el empacho utilizaban ceniza blanca de tola de parra, realizando friegas en la parte baja de la espalda hasta que un sonido anunciaba, según aquella antigua creencia, que el empacho había sido quebrado. Para la diarrea preparaban aguas calientes con raíz de paico tostada y ceniza de tola de parra. No existía necesariamente un cobro; muchas veces no cobraban, pero en el campo todos entendían que aquel trabajo debía compensarse de alguna manera, porque también existía la antigua convicción de que las energías debían quedar equilibradas. Artemio rezaba y doña Claudina quebraba el empacho.

Así los recuerda Eloísa: él, con sus manos sobre los huesos y su fe; ella, con sus yerbas y sus conocimientos. Y así también permanece la antigua casa, guardando entre sus muros las huellas de quienes alguna vez vivieron allí. Una herradura, una viga, unas frutillas blancas, las gallinas encaramadas en los paltos, las tolas de parra… pequeñas señales de un mundo que el tiempo ha ido borrando, pero que todavía puede ser reconstruido cuando alguien conserva la memoria y está dispuesto a contarla.

Me voy con el sonido imaginario del Massey 65 que alguna vez condujo Artemio por los campos de La Falda; con las friegas de tola blanca de parra, con sus rezos y con aquel sonido seco que, en la memoria de Eloísa, anunciaba que el empacho había sido quebrado. Me voy pensando en esta extraña posibilidad que tiene el campo: guardar el pasado en las cosas más sencillas. Porque fueron las llaves de Eloísa las que nos permitieron entrar, no solamente a aquella antigua casa de los Arias Anjarí, sino a un tiempo escondido detrás de sus muros. Eloísa abrió la puerta. Y detrás de ella aparecieron Artemio y Claudina. Entonces comprendo que no me voy realmente: me llevo sus voces, sus huellas y, a lo lejos, todavía alcanzo a escuchar el Massey 65 de Artemio perdiéndose entre los campos de La Falda.


 
 
Twitter Facebook Flickr
 

Cesantía en Chile: el desafío de reinventarse

La agricultura no es pasado: es nuestro presente y futuro

PISA: más allá del puntaje

Feriados irrenunciables: por qué el descanso también es un derecho laboral

 
 
 
¿Considera que la Provincia de Los Andes sea una alternativa para la construcción de una cárcel regional?
Si, hay lugares apropiados para su emplazamiento.
De ninguna manera, por el impacto negativo que genera.
Me da lo mismo.
Ver resultados
 
 
 
Diario Electrónico Andes Online® | ©2000-2026 Derechos Reservados.
Miembro de EMR™ Chile - Estadísticas de Medios en Internet - Estadísticas Certificadas
Andes Online is Licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.0 Chile License
Prensa | Publicidad | Contacto