Como cada marzo, el debate público se centra en brechas de género como la desigualdad salarial, la violencia o el acceso a espacios de poder. Sin embargo, hay una realidad que sigue siendo poco visibilizada: la de las mujeres en situación de discapacidad.
En Chile, esta realidad es significativa. Según el III Estudio Nacional de la Discapacidad (ENDISC 2022), el 21,9% de las mujeres adultas vive con algún tipo de discapacidad, cifra considerablemente mayor que en los hombres. Esto da cuenta de una intersección de desigualdades donde, a las brechas de género, se suman barreras físicas, sociales y culturales.
Esta combinación se traduce en menores oportunidades de participación social, educativa y laboral, así como en una mayor exposición a situaciones de dependencia e invisibilización.
Ampliar la conversación es una responsabilidad colectiva. Reconocer a las mujeres en situación de discapacidad implica visibilizar sus trayectorias y avanzar hacia políticas públicas que integren la perspectiva de género y discapacidad.
Una sociedad que aspira a la igualdad no puede dejar fuera a quienes históricamente han sido menos escuchadas. Reconocer esta realidad no es solo un acto de justicia, sino un paso necesario hacia una comunidad más inclusiva.
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