Va poco más de un mes del Gobierno de José Antonio Kast y ha sido un periodo extraño, por llamarlo de alguna manera. Definitivamente fue un inicio caótico, lleno de anuncios, decretos y actitudes que no dejaron espacio para el análisis político ni para que la oposición reaccione. Es más, no hay oposición. Está silente.
Pero más allá de esta práctica política de inundar la zona con anuncio tras anuncio sin dar respiro, está la sensación y percepción de la calle. Al conversar con la gente emerge una mezcla de sentimientos: decepción, incredulidad, otros se mantienen observantes. Muchos están preocupados. Pero lo que aún no veo es alguien que apoye las medidas adoptadas hasta hoy.
El alza de los combustibles fue un golpe certero al bolsillo de todos y por más que diga que estas medidas tendrán un efecto positivo en un año más, es hoy cuando nos vemos profundamente afectados. Muchos no llegaban a fin de mes, hoy les cuesta más.
Esas percepciones pueden ser subjetivas, no obstante, las nuevas autoridades no colaboran. La vocera de gobierno, Mara Sedini, ha tenido un cometido muy cuestionado. Quien tiene que comunicar no comunica, no habla y cuando habla no logra controlar las críticas.
Por su parte, la ministra de Seguridad Pública, Trinidad Steinert, se ha visto envuelta en polémicas ajenas a su rol en la cartera y con un escenario delictual latente y de difícil pronóstico. Distinto es el caso del ministro Iván Poduje, quien ha tomado una comunicación confrontacional para enfrentar los desafíos habitacionales. Una actitud errónea cuando nuestros compatriotas necesitan que el Estado los cobijen, no que les cierren las puertas en la cara.
Pero estos errores de comunicación comienzan a expandirse en demostraciones que reflejan una erosión preocupante en las relaciones sociales. Uno puede pensar diferente al otro, uno puede tener una postura distinta frente a la política, a lo social y a lo valórico. Sin embargo, no podemos relacionarnos a través de la violencia. No podemos dejar fuera lo que sucedió con la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, en la una institución de educación superior, es inaceptable desde el prisma que se mire.
Somos una sociedad que debería regirse por conductas de buena convivencia, donde el diálogo y la tolerancia a lo diferente sea el “desde” para comenzar a entendernos. No veo otra forma de construir un país sano, como el que – imagino – todos anhelamos.
Lo que sucede en el espacio público es lo que somos. Si nos relacionamos de manera agresiva es porque nos convertimos en un país violento, que no escucha ni dialoga y eso es sumamente preocupante porque nos inserta de manera directa en las formas que vemos a nivel planetario, donde simplemente hay una relación nivel cavernas.
Las palabras son importantes a la hora de comunicar, por eso cuando el presidente Kast, como líder de esta nación, manifiesta que viene a romper el ciclo anterior hay que encender las alertas. Con sus luces y sombras lo construido durante las últimas décadas ha permitido desarrollarnos como un país estable y seguro dentro del contexto regional. Entonces, su discurso suena a refundar una nación que avanza, a veces lento a veces rápido, pero en ningún caso retrocede. Hasta ahora, sus discursos, han sido solo ruido y pocas nueces.
Aún debe correr mucha agua bajo el puente, por lo mismo invito a que seamos una sociedad activa, observante y opinante, porque es la única manera de cobrarle la palabra a quienes dirigen el destino de Chile. Ojalá el rumbo sea bueno para todos… ojalá.
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