Viernes, 8 de Mayo de 2026  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… Palomar Leito Peñate, a la vera de la Ermita

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero

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Detrás de La Ermita de San Esteban, esa casa en ruinas y el parque remozado, aparece Leonardo Peñate Nobo. Su tranquilidad y acento nos habla de inmediato que viene de otras latitudes, dispuesto a conquistar nuestros caminos. Vamos a los orígenes de su pueblo llamado Maya jigua, municipio de Yaguajay, provincia de Santis Spiritus, Cuba. Vuelve a sus pagos y describe un amanecer de pueblo, la luz entra baja, dorada, tocando las latas de zinc y tejas centenarias. Alguien barre, otro pone café en una hornilla, y desde varios puntos del lugar empiezan a oírse una algarabía de alas.

Crónicas de pueblo con una historia diferente, casi ajena a nuestras costumbres tradicionales, quizás por ello, se hace más interesante. Un arca de Noé nos envuelve, cantos de gallos vienen de un galpón alto, de esos hechizos entre postes, zinc y mallas oxidadas. Construcciones que han pasado por varios fines, adaptadas con ingenio y herencia ancestral.  Aleteos de pavos reales, una hermosa trintre blanca y crianza de aves de diferentes empolles, provocan ese movimiento de campo viejo. Llegamos a la palomera y Leonardo no se detiene ni un instante, recordando la herencia de su querido padre Leonardo Peñate Pérez, insigne criador de mensajeras.

Santis Spiritus lo persigue, el aire está todavía fresco y húmedo con ese olor a tierra que quedó de la noche. Su recuerdo va al alto de una casa sencilla, el palomar, una estructura de madera, casi improvisada, con compartimentos y pequeñas puertas. El criador sube despacio, como quien no quiere interrumpir un ritual, abre, silba y las palomas salen en bandada. Primero vacilan, giran bajo, como probando el aire, luego se elevan, empiezan a dar vueltas sobre Maya jigua, cada vez más amplias, más altas. Desde abajo se ven como puntos que recuerdan la entropía, una estela viva que conoce el lugar más que cualquier mapa. Estamos a dos meses de ver esos vuelos en San Esteban y nos comprometimos a observarlos, junto a Peñate.

La palomera tiene tres núcleos, uno de machos, otro de hembras y el tercero de parejas, con individuos jóvenes y adultos. Estas palomas no son como las de la plaza, que normalmente conocemos, son una especie genéticamente seleccionada a través de múltiples generaciones, alimentadas conforme a su etapa y bajo un estricto manejo sanitario. El lenguaje aún complica a Leonardo y llama canela al padrón rojo y mosaico al castellano, son sólo detalles, mientras explica los otros colores que presentan sus palomas: azul, empedrada, pinta y blanca.

Leonardo lejos ya de Maya jigua, criando en San Esteban y compitiendo en el Club Colombófilo Alas de Colina, la misma devoción toma otra forma. Entre calendarios de competencia y registros de llegada, el vuelo también se mide. Las palomas ya no sólo realizan círculos sobre el patio: cruzan distancias, compiten, marcan tiempos, mas la lógica es la misma, soltar y esperar. Confiar en que, desde cualquier punto, el ave encontrará su rumbo. Cambia el paisaje, los techos, el ruido, la prisa urbana, pero no muda el gesto del criador, observar el cielo con la íntima certeza que sus largas horas de dedicación y entrenamiento fructifiquen, buscando la ansiada vuelta.

La herencia Peñate deja su impronta en San Esteban, si bien le ha costado encontrar un pie de cría similar a la fortaleza y excelencia de la paloma cubana, sigue el mismo camino que realizaba su padre. En un par de meses más estará compitiendo en el club Alas de Colina, realizando la primera “suelta” en la ciudad de Talca, para esperar con paciencia y confianza el marcaje electrónico al ingresar a su palomar de La Ermita. Así sucesivamente los vuelos irán creciendo en distancia, Chillan, Concepción, Temuco, Valdivia y Puerto Montt. Su mirada al monte Mocohen la realiza a diario, como imitando los aborígenes del valle y sus ruegos de leyenda.

En griegos, romanos y faraones egipcios encontramos la historia universal de las palomas mensajeras, pero en Chile tenemos que ir a finales del siglo XIX, donde podemos estudiar los registros de Columbas utilizadas en el recorrido de los faros, hasta que apareció el código morse. Hoy Leo busca su propio destino y en ceremonias de moda, como revelaciones de sexo, desecha los fuegos artificiales y drones, proponiendo el lúdico vuelo de sus palomas.

El linaje Peñate se está haciendo un nombre en el valle de Aconcagua. De hecho, el palomar lleva el nombre de su hijo, sus miradas al cielo se están repitiendo, tal cual se lo heredaron en la provincia Santis Spíritus. Si bien los aires y aromas de la Isla quedaron en el pasado, el piedemonte de nuestra precordillera, los ancestros de la Ermita, el relincho de los caballos y la historia del campo sanestebino hacen el equipo perfecto para realizar una suelta, en cualquier Derby, siempre, cómo no, junto a Grace y Leito.

Nota: Peñate, fiel a la costumbre cubana y crianza artesanal, ha traído a su palomar un “buchón robón”, cuya capacidad es atraer y robar otras palomas para su criadero. En ambientes campesinos de otras tierras, normalmente adquieren fama propia dentro del barrio o club…Al no haber otros palomares en la zona, sólo lo tiene con fines reproductivos.

Costumbrismo Rural y Crónicas de pueblo agradece a Leonardo Peñate Nobo, introducirnos en un mundo desconocido de las palomas mensajeras, al menos en los campos andinos…

 


 
 
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