El mundo campesino de antaño tiene dichos que exponen de mejor manera el “añerismo”, pues casi que no es necesario describirlo técnicamente para entrar en esa conversación, que numerosas generaciones ya han discutido. El nogal, una especie que presenta esta condición ya fue introducida en el valle alrededor de 1580, y era especialmente problemática, al reproducirse por semillas, en esos primeros tiempos. Luego alrededor de las casas se fueron plantando vides, manzanos, olivos, higueras, duraznero y membrillos.
“Nogal cargado, al otro año descansado”, dicho que se arrastra desde hace cinco siglos, esos que se han conversado bajo los corredores abrigados por braseros de lata, en galpones iluminados por fraguas o al ritmo de una cabalgata. Nuestro valle ha sido cuna de esta especie, un gigante caduco que no les teme a los helados vientos invernales, ni siquiera a la muerte, de hecho, algunos han sobrevivido más de cien años. El nogal antiguo de campo este solitario, tronco grueso, copa irregular, muy añero, nueces desiguales, se ubica a la vera de una casa de adobe, acequia, corral o potrero.
Todos sabemos el gran desarrollo de la fruticultura en el país y especialmente en nuestro valle, razón por la cual es curioso que sigamos escuchando en el campo el tema añerismo. Además, hay otros frutales que le siguen en esta condición: manzanos, olivos, perales, ciruelos, durazneros. Los departamentos técnicos nos hablan de podas estratégicas, regulando la carga productiva, distribución de la luz y los nutrientes, sin embargo, aún no se elimina el fenómeno e inclusive analizados desde el punto de vista filosófico se indica que “la abundancia lleva implícito la escasez siguiente”.
Para saber si realmente los factores que llevan al añerismo ya se controlaron, si los resultados productivos se pueden programar de manera certera, nos comunicamos con el especialista andino, ingeniero agrónomo Cristian Pérez. Lo llevamos a la historia de los nogales y su situación actual de manera comparativa. Nos comenta que antiguamente estaba ese añerismo, que ahora es casi nulo, basado en la nutrición del árbol, análisis foliares y de sistema radicular, treinta unidades de nitrógeno, quince unidades de fósforo y cuarenta y cinco unidades de potasio por tonelada seca, así se devuelve todo el gasto que hace la planta y lo mismo sucede con los microelementos (zinc, magnesio, boro y manganeso)
Volviendo al folclor popular, hay dichos notables para explicar la ausencia o sobreproducción de los frutales: “el árbol se cansó este año, el otro se repone”, “se llenó de fruta y quedó agotado”, “se botó todo en fruta, no dejó madera para el próximo”, “un año da hasta quebrar ramas, al otro apenas florece”. Pancho Reinoso, tiene sus propias interpretaciones, esas heredadas de los antepasados de San Vicente y comenta que es necesario ver siempre como viene la temporada, una floración abundante con poca producción de ramas es un mal signo para el siguiente año.
Santa Filomena en la comuna de Santa María y sus huertos antiguos de olivos, bajo ese sol inclemente y escasez hídrica. Ahí van los campesinos con largas escaleras hechizas a cuesta, en los buenos años de sobreproducción, pero ellos saben que se provoca el agotamiento de recursos en el siguiente. Los antiguos lo ven como una visión cíclica, que es algo natural, una helada puede cortar un año y el siguiente viene fuerte, lluvias de invierno que componen el árbol o podas fuertes que lo hacen descansar. Campesinos creyentes que terminan siempre confiando en la santa que desde fines del siglo XIX los viene protegiendo.
Cuando hablamos de añerismo debemos ir a los “frutales campesinos antiguos”, como son denominados los plantados o sembrados por semilla entre el período colonial y fines del siglo XIX. Fueron puestos sin orden, de tronco grueso y a veces hueco, fruta des uniforme, ubicados cerca de casas de adobe o acequias. El recorrido encuentra nogales, higueras, durazneros, granados, olivos, membrillos y parrones.
Los recuerdos de hacienda me llevan a un gran nogal negro, en el corral de las ovejas, de frutos ranurados y cáscara muy dura, entre piedras se partían y aparecía la nuez oscura, de sabor intenso como una trufa, de esas escasas que los tiempos esconden sagradamente añada por medio.
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