Viernes, 5 de Junio de 2026  
 
 

 
 
 
Opinión

La Copa del respeto

Por Ignacio Pérez Director Escuela de Periodismo y Comunicaciones Universidad de Las Américas

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Hace 35 años, Colo-Colo conquistó la primera Copa Libertadores de América para Chile, un logro que, lamentablemente, sigue siendo inédito ya que no se ha repetido hasta hoy, por lo que es imposible no volver a recordarlo cada año.

Nueve meses antes, el entrenador croata Mirko Jozic, llegaba a Santiago para hacerse cargo del primer equipo albo y, con su característica amabilidad y sonrisa, dijo sin tambalear que “mi idea es simple: sacar a Colo-Colo campeón y ojalá llevarlo al título de la Copa Libertadores”, para sorpresa de todos los periodistas que lo esperaron a la salida del antiguo Aeropuerto Arturo Merino Benítez.

Tras una revolución que impresionó a todo el medio futbolístico chileno, el equipo logró exactamente lo que dijo en sus primeras declaraciones al llegar al país.

La alegría fue total y no solo de quienes eran hinchas albos, ya que se convirtió en un hito que el país necesitaba para volver a unirse. Y sin importar camisetas, prácticamente todos los hinchas del resto de los equipos vibraron con el triunfo de Colo-Colo, porque finalmente le hacía bien a Chile. El concepto del bien colectivo primaba por sobre las creencias particulares de cada uno. Respeto.

Dos días después el plantel de Universidad de Chile, máximo rival deportivo de los albos, fue junto a su entrenador Pedro Morales a saludar al campeón de América al estadio Monumental, donde en el camarín compartieron un momento de sana convivencia deportiva. Era una época de crisis para el equipo azul, por lo que ir a visitar a sus mayores contrincantes le agregó un valor adicional. Ellos en la máxima gloria, nosotros cerca del suelo, pero vamos a felicitarlos. Respeto.

Cuatro días después, Colo-Colo debía enfrentar a Universidad Católica por una nueva fecha del Torneo Nacional. Los dirigentes albos solicitaron postergar el partido, ya que, tras la noche de gloria, el plantel solo supo de festejos, ceremonias, homenajes (incluido del presidente Patricio Aylwin en La Moneda) y prácticamente no habían podido entrenar. Sus pares cruzados no aceptaron suspender el encuentro lo que finalmente no fue ninguna ventaja ya que el campeón de América goleó 4-1 a la UC.

La nobleza vino de los jugadores de Universidad Católica quienes esperaron a sus pares en la cancha a la salida del túnel, para hacerles el pasillo de los campeones, rito tradicional en el fútbol cuando un equipo es campeón y su rival de turno al partido siguiente lo recibe con aplausos a la salida. Respeto.

A 35 años del mayor logro a nivel de clubes del fútbol chileno, no solo es bueno recordar el triunfo, los goles y la alegría de ese Chile que nos parece tan lejano y perdido en el tiempo, en conceptos fundamentales para el deporte y la vida.

Cuesta imaginar que hoy si un equipo logra un título internacional, uno de sus tradicionales rivales lo vaya a visitar al camarín para homenajearlo o el otro le haga un pasillo con aplausos, porque eso le costaría el repudio y amenaza tanto de las barras bravas organizadas a la salida de los entrenamientos, como de aquella que tras un teclado vuelca todo su odio.

Hace 35 años Colo-Colo obtuvo la única Copa Libertadores de América que tiene Chile y también el respeto de un país y de sus dos principales rivales deportivos, ambas cosas que hoy parecen sacadas de una película de ciencia ficción.


 
 
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