La ley 21.375, que consagra el donante universal, establece que todos los chilenos somos donantes por defecto, salvo manifestación expresa en contrario. Sin embargo, en la práctica, esa norma no basta. Cuando surge la posibilidad de una donación, el equipo de salud siempre conversa con la familia, y ahí aparece el problema que ha identificado el Ministerio de Salud: si los parientes no saben cuál era la voluntad de su ser querido, tienden a negarse, por duda, por temor o simplemente porque nunca lo conversaron en vida. Así se pierden donaciones que la propia persona quizás sí quería realizar.
Por eso hablar de esto en la vida diaria, en la sobremesa, en los momentos familiares, resulta tan relevante. Permite quitarle a la familia el peso de decidir algo así en un instante habitualmente estresante y emocionalmente muy potente. Hay que entender que la familia no decide por la persona, sino que confirma lo que esa persona ya eligió. Por eso conviene saber, dentro de cada familia, cuál fue esa elección con anticipación.
Cuando existe esa claridad, la experiencia cambia por completo. Deja de ser una decisión angustiante y se convierte en un acto de respeto hacia la voluntad de quien está en esa situación de donación. El tiempo también apremia, porque la ventana para concretar una donación suele ser muy breve, y no queda espacio para reflexionar en ese momento.
Por eso resulta tan importante que las familias tengan claridad respecto a estas posibilidades, para que la donación finalmente se concrete. Con eso se salvan vidas y, de algún modo, algo de quienes donan permanece en otras personas.
|