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  Jueves, 10 de Septiembre de 2026  
 
 

 
 
 
Opinión

La bicicleta del acceso a la vivienda

Por Alberto Alarcón Palacios – Director académico del Diplomado en Inversión y Desarrollo Inmobiliario UNAB

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El acceso a la vivienda ha vuelto al centro de la discusión pública. El Ministerio de Hacienda prepara una reforma al mercado de capitales que incorporaría un incentivo estatal al ahorro destinado al pie y un fondo con garantía estatal para financiar nuevos créditos hipotecarios a tasas más bajas. Ambas iniciativas apuntan a dos obstáculos evidentes: la dificultad de reunir el ahorro inicial y el elevado costo del financiamiento.

La dirección parece correcta. Sin embargo, el acceso a la vivienda no depende de una sola variable, sino de una cadena cuyos eslabones están profundamente relacionados: pie, tasa hipotecaria, renta exigida, estabilidad laboral, precio de la vivienda y disponibilidad de una oferta compatible con la capacidad de pago de los hogares.

Podemos entender esta relación mediante la imagen de una bicicleta. El acceso habitacional funciona como un sistema de transmisión: todas sus piezas deben operar coordinadamente para transformar el esfuerzo en movimiento. Si una de ellas pierde tracción, la bicicleta avanza con dificultad; si fallan dos o más, puede detenerse por completo.

Una familia podría recibir ayuda para completar el pie, pero continuar sin cumplir la renta mínima exigida por el banco. También podría acceder a una tasa más baja, pero no contar con estabilidad laboral suficiente para asumir una obligación de veinte o treinta años. Incluso podría reunir el ahorro y calificar para el crédito, pero no encontrar una vivienda cuyo precio, ubicación y características resulten compatibles con sus necesidades.

El contexto económico vuelve especialmente relevante esta mirada sistémica. Durante el segundo trimestre de 2026, el PIB chileno disminuyó 0,2% anual y la actividad registró retrocesos en seis de los primeros siete meses del año. En julio, el Imacec cayó 1,5% anual. A ello se suma una tasa de desempleo de 9,5% en el trimestre mayo-julio, con una disminución de las personas ocupadas respecto del año anterior.

Al mismo tiempo, las tasas hipotecarias se mantienen alrededor de 4% y los precios de las viviendas registraron un aumento anual de 2,4% durante el primer trimestre. Esto muestra una de las principales complejidades del mercado: las variables no necesariamente reaccionan en la misma dirección ni a la misma velocidad. El empleo y la capacidad de ahorro pueden deteriorarse rápidamente, mientras los precios de las viviendas, los costos de construcción y las exigencias crediticias demoran más en ajustarse.

Los antecedentes disponibles también muestran que la tasa no es el único impedimento. Un estudio difundido recientemente por Rabbitts Capital señala que el 46,8% de los potenciales compradores no logra cumplir la renta mínima exigida por los bancos, mientras un 25,4% identifica el pie como su principal dificultad. Solo un 6,9% menciona directamente la tasa como su mayor obstáculo.

No obstante, estas variables tampoco son independientes. Una reducción de la tasa disminuye el dividendo y, por esa vía, la renta necesaria para calificar. Una ayuda para el pie reduce el monto que debe aportar la familia, pero, si se reemplaza por mayor deuda, puede elevar el dividendo y trasladar el problema hacia la renta exigida. El diseño de la política importa tanto como el beneficio anunciado.

Por ello, Chile debiera avanzar hacia un indicador de acceso efectivo a la vivienda que mida simultáneamente los seis eslabones. No basta con observar la evolución de la tasa hipotecaria o las ventas de viviendas. Necesitamos conocer cuántos meses requiere un hogar para reunir el pie, qué proporción de su ingreso representa el dividendo, si cumple los requisitos bancarios, qué estabilidad tienen sus ingresos, cuántos años de renta cuesta la propiedad y qué porcentaje de la oferta disponible se encuentra realmente dentro de su capacidad de compra.

Este indicador permitiría identificar cuál es el principal cuello de botella en cada momento y evaluar las políticas por su resultado final: cuántas familias que hoy están excluidas consiguen acceder a un crédito sostenible y a una vivienda adecuada.

Pero hay una segunda pregunta que no debemos eludir: ¿corresponde que el Estado sea el único encargado de impulsar esta bicicleta?

El Estado tiene una responsabilidad fundamental. Debe asegurar estabilidad económica, establecer reglas adecuadas, promover infraestructura y suelo urbano, corregir fallas de mercado y apoyar focalizadamente a las familias que enfrentan una brecha superable. También puede facilitar financiamiento de largo plazo y compartir ciertos riesgos para reactivar el crédito.

Sin embargo, no debería compensar permanentemente mediante subsidios todas las rigideces del sistema. La banca debe competir en tasas, plazos y productos, además de mejorar la evaluación de trabajadores independientes o con ingresos variables, sin abandonar la prudencia crediticia. Las inmobiliarias y constructoras deben elevar su productividad, revisar precios, márgenes, superficies y tipologías, e incorporar mecanismos que permitan pagar el pie durante la construcción o avanzar hacia alternativas como el arriendo con opción de compra.

El mercado de capitales debe proveer financiamiento de largo plazo; los municipios tienen que reducir la incertidumbre y duración de los permisos; y la planificación urbana debe habilitar viviendas donde existan infraestructura, conectividad y demanda efectiva.

La experiencia internacional advierte, además, que subsidiar la demanda sin permitir una respuesta suficiente de la oferta puede terminar trasladando parte del beneficio a mayores precios. El subsidio ayuda al comprador, pero, si las viviendas disponibles no aumentan o no se ajustan a su capacidad de pago, más familias terminan compitiendo por el mismo stock.

La recuperación del acceso a la vivienda requiere, por tanto, una alianza equilibrada. El Estado debe habilitar, coordinar y focalizar; las empresas deben innovar, competir y ajustar su oferta; el sistema financiero debe canalizar recursos de largo plazo; y los hogares deben asumir compromisos compatibles con sus ingresos.

Las ayudas al pie y a la tasa pueden entregar un impulso importante. Pero una bicicleta no avanza únicamente porque alguien la empuje desde atrás. Necesita que todas sus piezas estén conectadas, que exista una ruta transitable y que cada actor contribuya al movimiento. El éxito de las nuevas medidas no debiera medirse por el número de subsidios otorgados, sino por la cantidad de familias que logren completar toda la cadena y acceder responsablemente a una vivienda.

 

 


 
 
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