Hay momentos en que uno, sencillamente, siente el pecho inflado de orgullo por Chile y la Gran Parada Militar del pasado 19 de septiembre fue uno de ellos. En la Elipse del Parque O'Higgins, más de 10 mil hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad y de Gendarmería desfilaron ante el país, demostrando una vez más que detrás de cada uniforme hay vocación, disciplina, preparación y un profundo compromiso con la patria.
Fueron 10 mil 206 efectivos: 6 mil 219 del Ejército, mil 252 de la Armada, mil 117 de la Fuerza Aérea, mil 220 de Carabineros, 297 de la Policía de Investigaciones y 94 de Gendarmería, institución que debutó en esta tradicional ceremonia. Una cifra que da cuenta de la magnitud de un despliegue que, además, superó las tres horas y diez minutos, convirtiéndose en una de las paradas más extensas de este siglo.
Pero detrás de esas cifras hay algo mucho más importante: hay personas. Hombres y mujeres que dedican parte importante de sus vidas a prepararse para servir a Chile. Personas que entienden que la disciplina no consiste solamente en marchar con precisión, sino que es también cumplir una misión, trabajar en equipo, responder ante una emergencia, proteger nuestro territorio y estar disponibles cuando el país los necesita.
Eso es precisamente lo que más valoro de nuestras instituciones: su capacidad de combinar tradición y modernidad. La Parada Militar no solo mostró el impecable orden y precisión de sus contingentes, también exhibió capacidades tecnológicas y operativas de primer nivel. Los F-16, los C-130 Hércules, helicópteros, vehículos blindados y material especializado nos recordaron que detrás de nuestros uniformes existe también una preparación permanente para enfrentar los desafíos de un mundo moderno.
Y nuestras instituciones no están solamente para desfilar. Están presentes en nuestras fronteras, en la protección de nuestro territorio, en la Antártica y, cada vez que Chile enfrenta una catástrofe o una emergencia, vemos nuevamente ese espíritu de servicio. Muchas veces su trabajo ocurre lejos de las cámaras, en lugares donde la única recompensa es haber cumplido con el deber.
Por eso también me llena de satisfacción que una ceremonia profundamente chilena como esta sea observada desde el extranjero. Medios internacionales, entre ellos el diario español El País, difundieron galerías fotográficas de la Parada Militar, mostrando al mundo nuestros uniformes, nuestros aviones, nuestros vehículos y, sobre todo, a nuestros hombres y mujeres. Es una imagen de Chile que nos representa con dignidad, profesionalismo y orgullo.
Como fundador del Liceo Mixto, esta reflexión tiene para mí un significado todavía más especial. En nuestros establecimientos de San Felipe y Los Andes contamos con un Programa Premilitar, destinado a entregar formación y preparación a aquellos jóvenes que, al terminar cuarto medio, desean postular a las distintas ramas de las Fuerzas Armadas.
Siempre he creído que la educación no consiste solamente en entregar conocimientos. También significa formar carácter, enseñar responsabilidad, desarrollar liderazgo y ayudar a nuestros jóvenes a descubrir que existen caminos de servicio a los demás. Algunos encontrarán su vocación en la universidad, otros en el mundo técnico, otros emprendiendo y algunos encontrarán en las Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad, una forma de dedicar su vida al servicio de Chile.
Por eso, cuando veo desfilar a jóvenes chilenos con esa precisión, concentración y orgullo de portar nuestra bandera, pienso también en tantos estudiantes del Liceo Mixto que alguna vez han soñado con vestir esos uniformes. Me emociona saber que desde nuestras aulas podemos contribuir, aunque sea modestamente, a preparar a quienes mañana quieran asumir esa responsabilidad.
La Parada Militar también nos recordó que Chile tiene instituciones con una enorme tradición, pero capaces de mirar hacia el futuro. Tradición, porque detrás de cada paso existe la historia de generaciones. Modernidad, porque los desafíos actuales requieren tecnología, profesionalismo, preparación y capacidad de adaptación.
Como chileno, como educador, como fundador del Liceo Mixto y como concejal de la Municipalidad de Los Andes, quiero expresar mi reconocimiento a cada hombre y mujer que hizo posible esta Parada Militar: a quienes marcharon, a quienes estuvieron detrás de cada operación, a quienes surcaron nuestros cielos y a quienes permanecen durante todo el año sirviendo silenciosamente en distintos rincones de nuestro territorio.
El 19 de septiembre no vimos solamente un desfile. Vimos una parte importante de Chile: disciplinada, con una preparación acorde a los tiempos, moderna, orgullosa de sus tradiciones y, sobre todo, dispuesta a servir.
Y después de contemplar nuevamente nuestra bandera avanzar al ritmo de nuestras instituciones, solo puedo decirlo con el corazón y con el pecho inflado: qué orgullo ser chileno.
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