El cerebro tiene una forma de procesar la información, atender al entorno y generar soluciones o respuestas a los desafíos a los que nos enfrentamos que es ordenada, creativa o predecible y entrenable, por un sistema interno de monitoreo que incluye varias habilidades o funciones psicológica como es la atención, la memoria, la planificación, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva entre las principales.
El uso de pantallas de manera prolongada, no educativas o interactivas y en especial, su utilización en etapas iniciales del desarrollo cerebral no sólo compromete aspectos esenciales de nuestra capacidad para aprender, sino que también aspectos relacionados con la socialización y la regulación emocional.
Entre las habilidades más afectadas estaría la Memoria de Trabajo, la Atención, el Control inhibitorio y la Flexibilidad cognitiva. Ello según las investigaciones actuales, se relaciona con que el uso de pantallas no educativas, suele disminuir los tiempos de espera de una recompensa y por tanto, su cerebro se entrena en una acción-reacción inmediata que no suele estar ajustada al aprendizaje de contenidos tan importantes como la lectura, la comprensión de información, el seguimiento de instrucciones complejas entre otras en la que la inversión de tiempo es fundamental y muy por sobre los estímulos que aprenden los niños con las pantallas.
Junto con lo anterior, también se comprometen aspectos del cerebro tan variados como el control inhibitorio, disminuyendo la posibilidad de autorregulación y control por medio de la tolerancia a la frustración, gestión de impulso e incluso la regulación emocional. Ello además de una planificación y organización que se entrena en el logro de metas inmediatas, con bajo manejo de una organización y reflexión que tienda a la racionalización o al menos la comprensión de la causalidad de las acciones, que nada tiene que ver con lo que sucede por ejemplo en la escuela.
El uso de pantallas disminuye la posibilidad de interacciones sociales contextualizadas en el juego, el aprendizaje social y de las reglas de interacción, así como la recompensa emocional de ser y estar con otros de su edad.
En el sentido más profundo del aprendizaje, el uso de pantallas no educativas por tanto es un factor que perjudica el desarrollo global de los menores y que en algunos no sólo comprometerá la capacidad de aprender o pensar, sino que también los limita en sus recursos emocionales y sociales.
No podemos olvidar además algo fundamental y es que nuestro cerebro como especie humana se nutre y expande desde nuestro propio cuerpo, pues capacidad física que es fundamental para explorar, conocer y aprender del mundo y ello es limitado en un uso pasivo y sedentario con las pantallas.
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