En el Mes de las Personas Mayores, surge una oportunidad para reflexionar sobre cómo entendemos el envejecimiento y, en especial, respecto a las creencias que hemos normalizado en torno a la vejez. Frases como “a esta edad ya no se aprende”, “es normal que olvide porque está mayor” o “la tecnología no es para este grupo etario”, pueden parecer inofensivas, pero contribuyen a construir una imagen de esta etapa asociada, sobre todo, a la pérdida de capacidades y a la dependencia.
El problema surge cuando estos estereotipos no solo determinan cómo la sociedad ve y trata a las personas mayores, sino que también influyen en la percepción que ellas tienen de sus propias capacidades. Escuchar de forma reiterada que se está “muy mayor” para aprender, participar en nuevas actividades o utilizar tecnologías, puede llevar a incorporar estas creencias y convertirlas en límites personales. Esto es lo que conocemos como autoedadismo: la internalización de los prejuicios asociados a la edad, que comienzan a condicionar las decisiones y oportunidades de participación de la propia persona.
Desde la Fonoaudiología, derribar estos mitos resulta especialmente relevante. Si bien el envejecimiento implica cambios naturales, no todas las dificultades relacionadas con la comunicación, audición, cognición, equilibrio o deglución, deben asumirse como consecuencias inevitables del paso de los años. Normalizar estas manifestaciones retrasa la búsqueda de apoyo y limita el acceso oportuno a estrategias de prevención, evaluación e intervención.
Envejecer no significa el dejar de aprender o adaptarse, ya que es posible seguir desarrollando nuevas habilidades, utilizar tecnologías, fortalecer vínculos y participar de forma activa en la comunidad. Para ello, es fundamental generar entornos que promuevan la autonomía, respeten decisiones y reconozcan capacidades, sin definir lo que una persona puede o no puede hacer únicamente a partir de su edad.
La invitación es a revisar no solo cómo se habla de la vejez, sino también qué ideas transmitimos sobre ella. Cambiar nuestra mirada sobre el envejecimiento contribuye a que las propias personas mayores reconozcan sus destrezas y posibilidades, y comprendan que cumplir años no significa dejar de aprender, comunicarse, participar ni asumir nuevos desafíos.
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