LOS ANDES (27/08/2025).- Hace algunos días se celebró a nivel mundial el día de la fotografía, hecho que se identifica más con el ámbito artístico, que en el cotidiano. Sin embargo, la importancia revolucionaria de este invento, terminó por impactar todos los aspectos de la vida humana.
En el arte, generó un “despropósito” acerca de lo que buscaba el realismo en esa época, es decir, –para qué pintar la naturaleza con tanta devoción, si finalmente una fotografía la reproduce a la perfección en un acto mágico y narcisista–. Y precisamente el narcisismo humano creó ese primer prototipo de fotografía, la Heliografía (Joseph Nicéphore, 1827), seguido del Daguerrotipo (Louis Daguerre, 1839), dando inicio a su masificación. Y como todo elemento o actividad que se ha industrializado, la fotografía y el dispositivo que la genera, “la cámara fotográfica”, han sufrido innumerables mutaciones a través del tiempo, pretendiendo aportar calidad y funcionalidad en directo beneficio del usuario, los “fotógrafos (as)”; que desde la cámara oscura, la captura múltiple, el paso de blanco/negro al color, y hasta llegar a una radical era digital, se han preparado para la autonomía que trajo el Smartphone, cuya falacia de marketing prometía capacidad de almacenamiento para guardar recuerdos eternamente. Los que rara vez se imprimen.
En Los Andes, desde que nos flechó el sentimiento nostálgico de rescatar y exhibir las “fotos antiguas”, hemos descubierto verdaderos tesoros de principios del siglo XX, producto del auge de la industrialización, del ferrocarril, la minería y el deporte; siendo uno de los responsables de este rescate patrimonial, el experimentado fotógrafo y promotor cultural Marcelo Mella Jara, 38 años de profesión, hijo del recordado fotógrafo Elías Mella; y quien junto al escritor Rene León, ha creado la página de Facebook losandesenfotosantiguas, hermoso proyecto que nos permite dar una mirada nostálgica a la historia de Los Andes y su gente, imágenes que se acompañan de entretenidos relatos acerca de los protagonistas. El material exhibido es aporte de su archivo personal, sumado al que envían seguidores de la página, y también del legado fotográfico de profesionales que ya no están, como Ramón Albornoz, Roberto Arcos, Elías Cura, (qepd).
Pero si de patrimonio hablamos, quien ostenta una de las colecciones fotográficas más completas y diversas, es Miguel Herrera Panelo, fotógrafo multifacético, con 60 años de impecable trayectoria; formado en Argentina, donde se inició revelando radiografías, para luego especializarse en fotografía; representante natural del llamado “instante decisivo”, ese que Cartier-Bresson describe como –la fracción de tiempo en que se logra capturar la esencia de un acontecimiento, el disparo preciso que seguramente no volverá a repetirse y que podría significar el relato mismo– de aquella técnica “Panelo” se sabe experto.
En seis décadas de oficio, ha guardado con admirable dedicación cada negativo o copia impresa de sus trabajos; lo que hoy en día se ha transformado en valioso material histórico. Este querido fotógrafo andino, se encuentra gestionando diversas actividades para celebrar como corresponde sus 60 años en la fotografía, siendo una de estas instancias, la próxima inauguración oficial de su página fotostudioandespanelo, en honor al Estudio que tuvo en el centro de Los Andes por varios años; además de exhibiciones culturales. Felicidades a Panelo, por su aporte al oficio de congelar la historia, y la custodia que ha hecho de ella.
Pamela Ortega Serey, dama de la fotografía, con 30 años de trayectoria, una de las representantes de la mujer en este oficio, y que ha logrado mantenerse en él. Creativa e innovadora; no quiere abandonar del todo el sistema análogo y el proceso de revelado; en su proyecto itinerante “El Baul de la Abuela”, se atrevió a jugar con elementos donde el cliente es protagonista de una pequeña ventana al pasado, un instante de fantasía con sello artístico. Pamela, quien es hija del también fotógrafo Patricio Ortega de San Esteban, debió ganarse la confianza del cliente y abrirse espacio entre colegas varones, contando hoy en día con el respeto y prestigio que otorga un trabajo constante y bien ejecutado, en un oficio que le llena de orgullo y le apasiona. (su estudio se encuentra ubicado en calle Roma, San Esteban)
El violento cambio de sistema análogo a digital y el dinamismo de la industria, han sido un desafío constante en el gremio, prueba de eso es Jorge Astudillo Lepe, un caballero, fotógrafo por más de 50 años, quien ha visto decaer su actividad casi a cero en los últimos meses, manteniendo con mucho esfuerzo el Foto Estudio Melián, local que compró hace varias décadas a Alejandro Melián, del cual conservó el nombre.
Un luchador por excelencia ante la adversidad y la pérdida; que logró reconvertirse de maestro enfierrador a fotógrafo, aprendiendo a punta de esfuerzo lo que había que saber del rubro, la foto de estudio y la social, el revelado, y la forma de lidiar con el cliente, con eso bastaba. Sin embargo hoy la realidad es otra, y a parte de una baja considerable en los eventos sociales y el empoderamiento que nos dio el Smartphone, está el proceso de automatización de los servicios públicos (Registro Civil y Municipios), que prescindieron de la fotografía externa, lo que ha cerrado definitivamente la puerta a un acuerdo tácito y centenario que había con los fotógrafos.
En el centro de Los Andes, continúan operativos también Foto Estudio Reyes de calle Membrillar; Foto Estudio Ibar de calle O’Higgins, que además tiene sucursal en San Felipe (calle Salinas) y Foto Estudio Rigo, en la galería Comercial, del querido Rigoberto Gil Diaz, “tío Rigo” como le dicen los niños de la escuela San José. En estos locales convergen varios fotógrafos que se mantienen activos, utilizando eventualmente los servicios de impresión o entrega de trabajos al cliente; como los fotógrafos Patricio Arancibia, Waldo Monsalve, Juan Ahumada, Nelson Lopez, Juan Padilla, José Iturra, Miguel Panelo, Marcelo Mella, Hernan León, por nombrar algunos. Cabe mencionar también en este punto a don Vicente Monsalve Villagrán (Q.E.P.D.), fallecido recientemente.
Son ellos, y muchos otros profesionales de la fotografía, los que mantienen vivo este rubro, con el respeto y cortesía que permite la competitividad, agrupados en un gremio que lamentablemente nunca ha sido reconocido en su real importancia. Porque siendo bastante honestos, si hoy en día tenemos fotografías impresas en un álbum o presumidamente colgadas en la pared, es porque las sacó un fotógrafo profesional, “el que sí sabe cuándo es tiempo de capturar el tiempo”.
La Fotografía, esa herramienta que partió siendo un juguete para la élite poderosa, y que luego se transformó en un negocio lucrativo para la industria. Necesaria, indispensable, reveladora, ambigua, realista, humana o comercial, continúa siendo testimonio de un momento único, manteniendo su esencia de relación entre pasado y presente.
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