En una economía cada vez más digitalizada, hablar de eficiencia implica mirar más allá del consumo energético. También supone preguntarnos cómo gestionamos los recursos tecnológicos de los que dependen crecientemente las organizaciones y cuánto espacio existe para prevenir pérdidas y evitar ineficiencias.
Hoy, una parte importante de los riesgos de ciberseguridad no proviene de amenazas desconocidas, sino de vulnerabilidades que ya fueron identificadas y permanecen sin resolver. Según datos de la plataforma Vicarious, las organizaciones conviven con cerca del 75% de las fallas tecnológicas detectadas y los equipos pueden tardar, en promedio, hasta 180 días en remediarlas. Además, el 90% de los ciberataques ocurriría explotando vulnerabilidades conocidas que no fueron corregidas oportunamente.
El problema, por tanto, no es solo tecnológico, sino también de gestión. Mantener durante meses una vulnerabilidad identificada significa sostener una exposición que podría reducirse mediante monitoreo, actualización y prevención.
La digitalización atraviesa cada vez más sectores productivos y servicios, el desafío está en incorporar esta mirada a la gestión cotidiana de las organizaciones, entendiendo que anticiparse a los riesgos no solo fortalece la seguridad, sino que permite destinar tiempo y recursos a aquello que realmente genera valor.
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