Jueves, 7 de Mayo de 2026  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural… Los Huachis de Poblete

Crónicas de pueblo por Sergio Díaz Ramírez, Instagram @amanecerdelgallinero

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Encuentros de compuerta generalmente no son agradables, ya que ambas posiciones parecerían tener la razón y más de alguna subida de tono, hace escalar el conflicto. Mas este no es el caso, un personaje de mucho carisma recorre las siembras de choclos humeros y morochales en Los Olmos, a la usanza antigua, esa costumbrista y dicharachera que tanto se disfruta. Retrocedo al menos cincuenta años al verlo martillo en mano y en la cintura colgando una decena de huachis, un morral a la espalda afirmado en una correa que le cruza su pecho, de lejos un verdadero guerrillero mexicano, de la época de Zapata. Si, es de carne y hueso, totalmente contemporáneo, a pesar de su relato añoso y detenido en el tiempo.

La verdad no lo estoy escuchando, el alma y la mente se funde en un viaje a la hacienda, a los conejos haciendo de las suyas en las chacras y en todas las plantaciones nuevas que se cruzaran por su camino. A esas liebres que lentamente fueron dejando el valle y escalando la montaña. A las estacas de acacio para los terrenos húmedos y de fierro para los cerros secos. Ya no recuerdo el diámetro de los alambres que se trenzaban para que la trampa corriera y diera el resultado deseado. Son tantas consultas que me tiene que responder don Manuel, que me apresuro y lo comprometo, para una próxima charla. El también vuelve a sus orígenes, ubicado en El Tambo, donde desarrolló su deporte, como él lo llama.

Aún no le consulto el resultado de los conejos cazados el fin de semana, la situación es diferente y el agua de riego sale del tranque con mucha presión, por un tubo que no alcanzo a preguntar su diámetro. Me subo al pretil para divisar a don Manuel entre las matas de morocho, la pala suena claramente al realizar un sinnúmero de tacos, mientras un par de taguitas salen de entre los cañaverales y se consumen una y otra vez. Nuevamente se me pierde. A ratos asoma por encima de las espigas su gorro de chavo, el agua busca los surcos tapando las raíces adventicias que salen constantemente a respirar. La tierra mojada, hojas con rocío, el canto de los tordos, un tractor a lo lejos y la brisa de las 11 de la mañana, dan por completamente justificado, la carrera de seguir el ritmo del capo del riego.

En el recorrido hemos visto un sin número de cuevas, especialmente bajo los murallones de adobe que rodea la parcela de Cristian Pérez. Me intriga el resultado de la cacería, pues no fue menor armar alrededor de seiscientos huachis, así lo describía Manuel, al contar con un equipo total de cuatro armadores. Recorridos nocturnos y de madrugada completaban la faena, haciéndole pelea a los canes que sin saber también recorren el ex fundo de Fernando Vargas, en busca de algún buen bocado. Recuerdo que, en mis andanzas juveniles detrás de los conejos, eran los peucos y zorros, los que se adelantaban a recorrer la armada, en fin, eran otros tiempos.

Todo comienza en una antigua bodega, la misma del corredor que guarece hoy del sol y de la lluvia en crudos inviernos. Varias puertas cerradas, sólo algunas con letrero, las otras guardan el misterio del campo, el olor del campo, sus herencias y secretos. La maquinaria, bastante moderna, sólo con huellas de barro, que en algo recuerdan las yuntas extintas que enyugadas caminaban bajo la picana, hasta los maizales de chocleros con dientes saltados. Me explica sobre las herramientas del cultivo que nos rodea, con ese verde casi azul, que la naturaleza nos muestra en esta temporada, pero rápidamente se va a la niñez del Tambo y su pasión por los causeos de conejos.

Jennifer Correa-Cuadros de revista Endémico, quien normalmente nos muestra la cultura creativa del movimiento ambiental, nos habla de la presencia del conejo, introducido desde Europa, en 1880. “Esta especie destruye cultivos, plántulas y plantas nativas; erosiona las laderas con sus extensas madrigueras, destruye la topografía y la funcionalidad del suelo. Las hembras pueden tener ocho crías por parto y dos por temporada, en total dieciséis conejos por año y ciento doce por descendencia junto con las nuevas hembras. Contribuyen así con trescientos noventa y cuatro conejos por año, afectando de manera importante la cobertura vegetal de nuestro país”.

Dice que cayeron veinte conejos en la noche del sábado, es una cantidad bastante baja para el trabajo que significó la tarea. Se lo hago ver, pero ríe de buenas ganas y me retruca con otra pregunta. Usted cobra por su hobby, seguro que paga por hacer deporte, y así y todo lo disfruta a concho, ¿verdad? Así es Poblete, el guerrillero de Zapata, el que recuerda el campo del 1900, uno que no tubo desperdicio en su formación campesina en los potreros largos del Tambo. Se toma el tiempo para ir a Santa María y comprar los atados de huachis, con estaca de palo y fierro, para abarcar todos los terrenos. Al igual que un sabueso es capaz de imaginar los cuarenta y cinco metros bajo tierra, donde se multiplican los gazapos.

Recita la cartilla de caza, es muy cuidadoso en las restricciones y sin detenerse en el recorrido de las matas de choclo, me deja atónito en las posibles contradicciones que existen en el instructivo, o al menos conceptos difíciles de comprender. Se prohíben los huachis, mas no para los conejos. No se pueden cazar con luces de noche, mas no para los conejos. No capturar en aguadas y sitios de alojamiento, mas no para los conejos. Tiene muy claro, lo que significa una especie dañina y por si se ofrece, también dispone de la incondicional honda.

Don Manuel ya no se divisa, en cualquier momento lo encontraré nuevamente en la compuerta, es más, ojalá me lo encuentre.

 

 

 

 


 
 
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