Con el inicio de un nuevo año académico, miles de jóvenes comenzaron su etapa universitaria tras el último proceso de selección. En ese escenario, una señal comenzó a hacerse evidente: desde distintas regiones del país, cada vez más estudiantes alcanzaron desempeños destacados en el acceso a la educación superior.
No se trató de casos aislados, sino de una tendencia consistente que mostró cómo las oportunidades comenzaron a ampliarse más allá de los grandes centros urbanos.
En la última PAES, más de 3.300 estudiantes que se prepararon en CPECH superaron los 900 puntos y cerca de 500 alcanzaron puntaje máximo nacional, con resultados a lo largo del país y en distintas modalidades de estudio. Al observar su origen, la Región Metropolitana concentró cerca del 45% de estos puntajes, pero las regiones, en conjunto, representaron más de la mitad.
Este dato, más que una cifra, abrió una pregunta relevante: ¿qué cambió? Parte de la respuesta está en la forma en que se accedió a la preparación. La presencia territorial de instituciones que acompañan a los estudiantes en este proceso, junto con modalidades presencial, online y e-learning, permitió prepararse sin depender de la ubicación.
Así, la conversación dejó de centrarse en el lugar donde se estudiaba y se desplazó hacia la calidad del proceso formativo. Metodologías claras, seguimiento académico y acompañamiento constante comenzaron a pesar más que la geografía.
No se trató de afirmar que las brechas desaparecieron, sino de reconocer que las condiciones empezaron a cambiar. En ese escenario, el talento comenzó a encontrar más caminos para desarrollarse, sin necesidad de migrar o adaptarse a un único modelo.
Quizás el cambio más relevante fue ese: cuando las oportunidades se ampliaron, el talento dejó de tener una sola dirección y comenzó, por fin, a distribuirse.
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