Jueves, 18 de Junio de 2026  
 
 

 
 
 
Opinión

Doomscrolling y cómo pasamos leyendo malas noticias en internet

Por Sofía Flores Villagrán Académica Terapia Ocupacional UNAB Investigadora ONG Amaranta

 

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Les ha pasado, que al abrir sus redes sociales se pregunten ¿qué pasó ahora? Porque es cada vez más frecuente encontrarnos con titulares alarmantes o que informan de situaciones poco esperanzadoras. Toda esta información devastadora, aparece apenas desbloqueamos el teléfono. Estamos viviendo en un mundo que está siendo atravesado por múltiples crisis:  económicas, sociales, políticas y medioambientales. Y aunque hoy tenemos más acceso a la información (que en cualquier otro punto de la historia) también estamos enfrentando algo de lo que poco se nombra, o no se habla con la suficiente relevancia, el agotamiento emocional que produce el estar hiperconectados al sufrimiento del mundo.

 

Incluso hay un concepto que habla de esto: el doomscrolling. El término combina las palabras doom (fatalidad) y scrolling (deslizar la pantalla), y se refiere al hábito “compulsivo” de consumir noticias negativas en redes sociales y medios digitales.

 

Si bien, muchas veces buscamos estar informados o pasar un tiempo de ocio en nuestros teléfonos; terminamos en un sin fin de contenido, que aumenta ansiedad, el miedo y la sensación de impotencia frente a lo que está sucediendo a nuestro alrededor.

 

Esto no significa que debamos desconectarnos de la realidad o dejar de interesarnos por lo que ocurre, ni mucho menos restarnos de los espacios digitales. El problema no es la información, el problema es la sobreexposición constante a estímulos que nuestro cuerpo y mente no alcanzan a procesar y cómo todo esto está impactando en nuestro bienestar.

 

Hace poco el Observatorio de Salud Mental en Chile compartió resultados del estudio realizado a 2026, el que refleja algo que la población no está simplemente “estresada”, sino que están viviendo un desgaste crónico. Un cansancio emocional que se ha sostenido en el tiempo y hoy muestra sus señales, de manera alarmante. Ante esta realidad, es importante decirlo con claridad: el malestar en salud mental no es sólo un problema individual, es también una respuesta colectiva a las condiciones en las que estamos viviendo.

 

Es por ello, que incluso al hablar de salud mental, es necesario que se hable del impacto que están teniendo los “nuevos estilos de vida”, las que incluyen la percepción de cómo habitamos en la era digital.  Sin embargo, no quiero sólo quedarme con hacer hincapié en observar la salud mental; sino también en observar las dinámicas desoladoras, los discursos de odio o los contextos desesperanzadores que frecuentemente encontramos en las redes.

 

Porque mientras seguimos deslizando nuestro dedo por la pantalla, también se va normalizando la injusticia, la violencia, la desigualdad. Nos acostumbramos a ver sufrimiento todos los días y eso puede llevarnos, poco a poco, a la desesperanza.

 

Antes esto ¿Qué hacemos por cambiar el algoritmo? ¿Qué hacemos para cambiar nuestro día a día? Quizás necesitamos hablar más de esperanza. La escritora Rebecca Solnit dice: que, “la desesperanza es un lujo que no podemos permitirnos”. Y quizás tiene razón. Porque si algo nos han mostrado las crisis es que los cambios sociales no nacen únicamente del miedo, sino también de la capacidad de imaginar otros futuros, otros mundos posibles.

 

Como Terapeuta Ocupacional, puedo hablarte de estrategias como descansar sin culpas, conversar con otros y otras sobre cómo nos sentimos. Pero, hoy también quiero invitarte a poder organizarte por un bien común, incluso desde tu teléfono. Ya conoces un nuevo concepto anglosajón “doomscrolling” un hábito que está generando malestar; entonces, ¡cambia el algoritmo! Hay páginas que comparten buenas noticias, para que inicies bien tu semana, educa, movilízate contra la desinformación, o incluso puedes compartir imágenes de tus mascotas.

 

Permitámonos seguir defendiendo la ternura, el bienestar y la dignidad, aun cuando el mundo pareciera estar cayéndose a pedazos. No caigamos con él. El cambio hay que cultivarlo, hoy más que nunca y desde todos nuestros espacios, incluso el digital.


 
 
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