El temporal que ha golpeado a distintas regiones del país dejó algo más que caminos cortados y viviendas anegadas. Dejó también un problema que suele pasar inadvertido una vez que baja el agua, la humedad que se instala en los hogares y amenaza en silencio la salud respiratoria, sobre todo la de los niños.
Tras una inundación, muchas familias vuelven a habitar sus casas apenas el agua se retira, sin esperar a que las estructuras se sequen por completo. Ese apuro tiene un costo. La humedad atrapada favorece la aparición de hongos en paredes y rincones, y ese moho no es solo un problema estético, puede desencadenar o agravar alergias y cuadros respiratorios, con especial riesgo para los menores de tres meses, cuyas defensas inmunológicas aún están en formación.
A esto se suma el frío propio de la temporada. Humedad, bajas temperaturas y mayor circulación viral se potencian entre sí, elevando el riesgo de enfermedades respiratorias en las edades extremas de la vida y en personas inmunosuprimidas.
Las familias afectadas por el temporal no deberían volver a un hogar inundado hasta que esté completamente seco. Ventilar unos minutos al día, evitar secar ropa dentro de la casa y reducir el humo de tabaco siguen siendo las medidas más efectivas de prevención. El rango saludable de humedad interior va entre 30 y 50 por ciento, y no debería superar el 60.
Las emergencias climáticas no terminan cuando baja el nivel del agua. Cuidar lo que ocurre después, dentro de las casas, es también parte de la respuesta sanitaria que este temporal exige.
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