El turismo es, por definición, una actividad de encuentro y libertad. Sin embargo, para millones de personas, esta libertad está condicionada por barreras que no solo son arquitectónicas, sino también políticas y culturales. Creer en la inclusión como un derecho fundamental implica entender que el acceso al descanso y la entretención debe ser universal, respetando las diferencias de cada individuo, más aún en un país que gran parte de su economía se mueve en torno al turismo.
Combinando la formación profesional y los valores personales, es posible comprender que la gestión de negocios moderna no puede ignorar el impacto social. El desafío hoy es transformar el sector turístico en Chile en un espacio donde todos puedan disfrutar experiencias memorables sin barreras.
El mercado ignorado: una opción de negocio
Desde la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello, entendemos que identificar mercados subatendidos es clave para la competitividad. El turismo inclusivo no es un nicho de caridad; es un motor económico que permite la ampliación del mercado objetivo.
Al eliminar barreras, las empresas no solo impactan a las personas con discapacidad, sino también a adultos mayores y sus grupos familiares, generando mayor satisfacción y fidelidad del cliente. La inclusión genera beneficios tangibles: una ventaja competitiva clara y una contribución directa al desarrollo sostenible y social del país.
Específicamente en el sector turístico, los datos respaldan la rentabilidad de la inclusión. Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), cada viajero con discapacidad suele hacerlo acompañado, con un promedio de 1,4 personas por viajero. Sin embargo, la magnitud del mercado es aún más evidente al observar referentes internacionales: según estudios de la Open Doors Organization (ODO), solo en Estados Unidos, los viajeros con discapacidad y sus acompañantes generan un impacto económico anual que supera los US$ 100 mil millones. Esto demuestra que la inversión en accesibilidad no solo es una obligación ética, sino una ventaja competitiva clara y una contribución directa al desarrollo sostenible y al progreso social del país.
Una inversión humana, no un costo
Para que un destino sea inclusivo, debe fortalecerse la cadena de accesibilidad, que abarca desde la planificación del viaje hasta el regreso a casa. En este sentido, la información es el primer gran obstáculo.
Mientras la política pública intenta actualizarse, se debe responder con la agilidad que el sector privado demanda. Los resultados de algunas iniciativas avalan esta necesidad, entre ellos el crecimiento que ha registrado el Encuentro Internacional de Turismo Inclusivo, co-organizado por la empresa Turismo Inclusivo, que pasó de 180 asistentes presenciales en 2024 a 250 en 2025, además de 200 participantes virtuales.
Como docente de la Universidad Andrés Bello, pero también como alumno de esta institución, entiendo que tenemos la responsabilidad de liderar con el ejemplo y creo firmemente que la inclusión no es un "extra": es un pilar estratégico de la gestión. El desafío para los prestadores es dejar de ver la accesibilidad como un costo y comenzar a verla como la inversión más humana y rentable de su negocio. Solo así construiremos un turismo que no deje a nadie atrás.
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