Martes, 10 de Marzo de 2026  
 
 

 
 
 
Opinión

Chile Post-8M: La Agenda de Género frente al Realismo Político

Por: Macarena Porras Vargas Trabajadora Social, Magíster en Género e Intervención Social

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El domingo, las calles de Chile volvieron a ser el escenario de una marea violeta que, lejos de amainar, parece haber encontrado un nuevo ritmo: uno más reflexivo, pero igualmente exigente. Tras la conmemoración de este 8 de marzo de 2026, la resaca de la movilización nos deja una certeza incómoda: mientras el país transita por un ciclo político marcado por la demanda ciudadana de orden y seguridad, las mujeres chilenas reclaman que su propia seguridad —la de vivir sin violencia y con autonomía económica— no sea relegada a las notas al pie de la agenda pública.

Chile ha entrado en una fase donde las promesas de transformación ya no se juzgan por sus intenciones, sino por su viabilidad presupuestaria y su capacidad de generar acuerdos transversales. En este nuevo ciclo, el desafío para el Ejecutivo y el Congreso no es simplemente "gestionar" las demandas feministas, sino evitar que la perspectiva de género se convierta en la primera ficha de cambio en las negociaciones legislativas de turno.

Para que este periodo político sea exitoso, es imperativo abordar tres frentes críticos que hoy tensionan la realidad social:

1.        Seguridad Pública con Lupa de Género: En un Chile volcado a la lucha contra el crimen organizado, suele olvidarse que la violencia más persistente y letal ocurre, muchas veces, intramuros. El desafío es integrar la prevención de femicidios y la protección efectiva de las víctimas en el corazón de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, superando la idea de que la violencia de género es un asunto "anexo" de un solo Ministerio.

2.       Sistema Nacional de Cuidados como Eje del Desarrollo: Ya no basta con el reconocimiento simbólico o el aplauso a las cuidadoras. El actual ciclo político tiene la responsabilidad histórica de materializar un sistema robusto, con financiamiento estatal claro. Sin esta red, el discurso de la "inserción laboral femenina" seguirá siendo una quimera para miles de mujeres, especialmente en comunas rurales y periféricas, donde el cuidado es una barrera estructural para la superación de la pobreza.

3.       Representación Real en las Urnas: Con los ecos de las recientes elecciones aún frescos, la brecha de género en los gobiernos locales —alcaldías y gobernaciones— sigue siendo una herida abierta. La política chilena continúa siendo un espacio diseñado por y para hombres, donde las mujeres acceden a cuotas de candidatura, pero rara vez logran romper el techo de cristal que custodia las jefaturas de las arcas municipales.

No podemos ignorar que este 8M se desarrolla en un contexto de polarización, donde ciertos sectores cuestionan la validez de avances que han permitido mejorar la calidad de vida de miles de familias. Hoy, el rol de las políticas de género no es solo buscar nuevos espacios, sino consolidar y proteger los derechos ya alcanzados, asegurando que programas esenciales en salud y protección social mantengan su continuidad técnica y presupuestaria frente a los vaivenes políticos.

"La estabilidad de Chile no se construye a costa de los derechos de las mujeres, sino sobre la base sólida de estos."

La masividad observada el domingo demuestra que la búsqueda de igualdad es un factor de cohesión social capaz de convocar de manera pacífica y transversal en tiempos de fragmentación. Si el sistema político no logra leer que la equidad es un requisito previo para la paz social, este nuevo ciclo perderá una oportunidad valiosa de legitimidad. La marea ya pasó el domingo; ahora le corresponde a las instituciones demostrar que, más allá de la fotografía del momento, existe una voluntad real de transformar ese mensaje en políticas públicas sostenibles.


 
 
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