Se nos dijo, hace apenas unos meses, en plena campaña electoral, que los principales problemas de nuestra sociedad eran la seguridad, entre muchos otros. Que el país se caía a pedazos, que la delincuencia se había tomado todo, que aquello no daba para más; en fin, un verdadero apocalipsis en tamaño real.
Sin embargo, la ciudadanía optó democráticamente por un gobierno que vendría a dar solución a este y a otros temas, como la economía, la cesantía, la falta de inversión y el problema migratorio, entre otros. Pero, a cuarenta días de haberse instalado las nuevas autoridades, tenemos un panorama igual o incluso peor que el de meses atrás.
Los índices de delincuencia han aumentado considerablemente: mayor número de homicidios, delitos contra la propiedad, secuestros, sicariato e “incivilidades”, como ahora se les denomina. El lector se preguntará: ¿qué pasa en nuestra querida ciudad de Los Andes?
Basta darse unas pocas vueltas por distintos barrios para constatar que lo que ocurre a nivel nacional también se reproduce en nuestro terruño, claro está, en menor medida, considerando el tamaño de su población. Hay sectores, como lo he señalado en ocasiones anteriores, donde resulta irritante la falta de vigilancia por parte de las policías. Existen barrios donde las incivilidades se han vuelto insoportables: balaceras nocturnas, lanzamiento de fuegos artificiales en la madrugada, carreras clandestinas en plena ciudad y “celebraciones deportivas” que incluyen fuegos de artificio, conductas que ya no son simples faltas, sino derechamente delitos.
Con todo el respeto que merecen las nuevas autoridades, especialmente la Delegación Presidencial en la provincia, se sugiere coordinar con los mandos de ambas policías la realización de operativos en terreno. Incluso, podrían gestionarse fuerzas de tarea a nivel nacional, considerando que se argumenta falta de personal y medios para llevar a cabo allanamientos, con sus respectivas órdenes judiciales, destinados a incautar armas de fuego utilizadas por la delincuencia, así como a requisar fuegos artificiales, cuyo origen muchas veces se desconoce.
Asimismo, se requieren mayores fiscalizaciones en los servicios de aduanas, ya que se ha detectado contrabando tanto de armas como de fuegos artificiales.
En suma, lo que se prometió con tanto ahínco, terminar con la delincuencia, “se les acabó la fiesta”, poner fin a la llamada “puerta giratoria,” debe hacerse realidad de una vez por todas. Como se dice en el campo, lo cortés no quita lo valiente: basta de temer a quienes hacen invivible la convivencia ciudadana. Nadie tiene derecho a mantenernos como rehenes en nuestras propias casas, observando cómo los malos superan a los buenos y hacen y deshacen en nuestra ciudad.
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