Esta semana recordamos el Día Mundial de la Salud Mental ¿Pero alguien cuestiona el actual modelo económico?¿Qué relación hay en ello?¿Es una mera especulación conspirativa?
Estamos viviendo una Sindemia, de la cual nadie se ha hecho cargo a nivel estructural, ni se han adoptado políticas de alto nivel para extirpar de raíz, el mal que las causas o que las potencia y que las mantiene en el tiempo. Una Sindemia es la concentración de dos o más epidemias o brotes de enfermedades en una población que interaccionan con, y son condicionadas por, las circunstancias sociales, políticas y económicas durante un periodo y lugar determinado. Sí, como leyó y escucho bien, la Sindemia actual que vivimos, tiene su base o es gatillada por las condiciones políticas económicas y sociales, y estas interacciones, de situaciones de inequidad e injusticias sociales, agrava los efectos en la salud de las personas.
Pero esto no es todo, debo contarle que 40 expertos acuñaron en la revista The Lancet del 27 de enero de 2019, el término de «Sindemia global» aludiendo a tres pandemias que afectan a la mayoría de las personas en todos los continentes: obesidad, malnutrición y cambio climático. Las dos primeras son impulsadas por un sistema alimentario poco saludable o desiquilibrado. Ahora, el cambio climático, que algunos presidentes de países desarrollados niegan, está íntimamente ligado al sistema económico y al desarrollo de tecnologías de punta, que tiene un efecto directo en la seguridad alimentaria que potencia las otras pandemias, pues, por ejemplo, hay un escandaloso uso de litros de agua para el funcionamiento de las populares “IA” (Inteligencia Artificial), pero ello es invisibilizado u ocultado.
La Sindemia Global, que afecta a los diversos orígenes sociales, obviamente golpea más fuerte a las clases menos privilegiadas y eternamente postergadas, porque las elites, un pequeño grupo de familias millonarias, tiene los recursos para enfrentar estas problemáticas y sobre todo las enfermedades raras o catastróficas, ellos no tienen que hacer una larga caminata de Pto Montt o desde Arica a Santiago para pedir al gobierno de turno que compren “la” última vacuna para salvar la vida de sus pequeños hijos.
Ahora, yo agrego los alarmantes datos chilenos que tenemos de salud mental que este año aumentaron, poniéndonos en los peores niveles desde la pandemia, así lo indica el estudio del Termómetro de la Salud Mental en Chile ACHS & PUC 2026 en que destacan los altos niveles de depresión, ansiedad, insomnio y soledad percibida. También hay altos niveles de desesperanzas y estrés, todos catalizados por la actual situación socio-económica (bencinazo, alzas en la parafina, del IPC, recortes en cultura, en Sernageomin, en Salud, eliminación del programa Yo elijo mi primer PC”, futuro cierre de “PRODEMU”, la no adquisición de “Radares Meteorológicos”, y muchos más) y la incertidumbre frente a la pérdida de diversos derechos ganados y protegidos. Pero como si ello fuera poco, cito aquí, la investigación del BrainLat Institute de la Universidad Adolfo Ibáñez, abril 2026, que reveló que factores como la contaminación, la pobreza y la inestabilidad política aceleran el envejecimiento cerebral. La investigación, utilizó herramientas avanzadas como resonancias magnéticas y electroencefalogramas para medir directamente, cómo distintos factores externos impactan el cerebro y se encontró que la combinación de 73 variables ambientales, sociales y políticas, tiene un efecto hasta 15 veces mayor sobre el envejecimiento cerebral, que el análisis individual de cada factor ¿Le llama la atención estos datos?
Por último, el investigador Richard Hortón, sentenció en la prestigiosa revista médica The Lancet (2020) que un tratamiento o una vacuna protectora, por muy eficaz que sea, ésta fracasará, en los adultos mayores, en las comunidades negra y asiática, Pueblos Indígenas, trabajadores, normalmente mal pagados y con menor protección social, porque la naturaleza sindémica que nos golpea, ya ha causado un deterioro en nuestras vidas, por ello se requiere, un enfoque multidimensional de intervención que nos favorezca a tod@s sin exclusión, a un acceso justo a la salud desde la fecundación, hasta el último día de nuestras vidas, pero si el modelo económico imperante sólo favorece a unos pocos, entonces, nuestra salud mental estará siempre expuesta y en un alto grado de vulnerabilidad. Por ello resulta importante el trabajo comunitario y el cooperativismo, porque ellos son protectores externos, de las diversas noxas que puedan alterar nuestro equilibrio biopsicosocial y espiritual, ¿De qué sirve un modelo económico que genera desigualdades y enfermedades? ¿Es utópico promover un modelo económico justo, solidario en que todos ganen y nadie quede a la vera del camino, donde la comunidad consciente de su poder transformador sea garante de la protección y del desarrollo de tod@s sin excluir a nadie?
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